Marks&Spencer
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El pueblo de los quince peluqueros.

Anemia...

Anemia…

Cuando hablamos de población y demografía lo entendemos con sólo echar un vistazo a la pirámide que representa los datos, peor parece que al hablar de economía nos cuesta entender un poco más que parte de nuestros problemas vienen de una estructura económica insostenible, debido a lo mucho que adelgazamos la base.

Lo cierto es que todos sabemos que le sector servicios genera riqueza, y que estamos seguros de que un mundo con peluqueros, con maestros, jueces y médicos es un mundo mejor que uno en el que no existiesen estos profesionales. Eso está claro. Lo que parece más difícil de entender es que este sector es un multiplicador de los sectores productivos, peor en sí mismo no genera nada, y que una sociedad o una economía basadas principalmente en los servicios no puede sostener se en modo alguno, a no ser que su balanza de pagos sea claramente excedentaria.

Pongamos un ejemplo: Tenemos un pueblo de cien habitantes. En el pueblo hay quince peluqueros, un cura, un boticario, un médico, un alguacil y un maestro. ¿De qué vive el pueblo? Obviamente, de nada. Ese pueblo no puede vivir. Los peluqueros se cortan el pelo entre ellos, dan limosna al cura, llevan los hijos al maestro y se compran medicinas y cuidados médicos a cambio de cortes de pelo… Es claramente ridículo. Pero en la sociedad a gran escala no lo vemos.

Para que el pueblo pueda mantener su existencia hay que añadir diez agricultores, cinco ganaderos, y veinte jubilados que ingresen sus pensiones, por ejemplo. Los agricultores y ganaderos darán de comer al pueblo (algo imposible de evitar) y sus excedentes se venderán fuera, para que a cambio se compre lo que falte. Pero sin estos agricultores y ganaderos no hay nada que vender, y la única manera de traer ingresos exteriores al pueblo es el turismo.

Bien, pues en España estamos en una situación similar: el turismo trae ingresos exteriores, pero la compra de petróleo se los come con creces. De hecho, hasta hace muy poco nuestra balanza comercial era salvajemente deficitaria. Si queda anulado lo que se ingresa por exportaciones y turismo, ya que es inferior a lo que se gasta por importaciones, ¿?qué tenemos? Tenemos que todo el país, todo en absoluto, se basa en una serie de actividades productivas que han ido viéndose reducidas con los años. Cierre de las minas, cierre de explotaciones agrarias y ganaderas, cierre de fábricas…

¿Y qué nos queda al final? Tenemos a 16 millones de personas activas para mantener un país de cuarenta y cinco millones de habitantes. Y de esos 16 millones, 3 millones son funcionarios, que también producen, pero no aportan, es decir, reciben su sueldo de las aportaciones del resto. Estamos así en que trece millones de trabajadores pagan las pensiones y el funcionamiento de todo el resto.

La pregunta que aún nos falta por hacer es cuántos de esos trece millones incrementan la producción y cuántos son como los peluqueros y, el maestro, el cura y el boticario del pueblo del ejemplo. No llega a la mitad.

Hay que decirlo claro: no podemos vivir de cortarnos el pelo unos a otros. No podemos vivir de enseñarnos unos a otros. No podemos vivir de vendernos aspirinas unos a otros. Todo eso es necesario, imprescindible incluso, pero sin producción real no hay economía. Solo anemia.

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La magia del cucurucho como engaño al ciudadano

Con volumen, pero frágil.

Con volumen, pero frágil.

El dinero se mueve en cifras cada vez mayores, y con el cabreo que nos traen los recortes, a veces perdemos la pista de lo que realmente sucede, o esa es la impresión que tengo últimamente. Luego, no sé si para tranquilizarnos, tranquilizar a los mercados, o porque simplemente nos tomar por lelos,se explican ciertas cosas que no caben en cabeza humana. O al menos no en la mía.

La complejidad de los asuntos económicos es tal que no me imagino lo duro que tiene que ser plantearse la necesidad de explicar a los votantes lo que está sucediendo. Pero quizás fuese buena cosa que se planteasen un ejercicio de pedagogía en vez de recurrir al viejo sistema de la magia.

Porque vamos a ver: ¿quién está sosteniendo a buena parte de la banca española? El Gobierno, con fondos públicos. ¿Y quién está comprando la deuda pública que emite el Gobierno en las cada vez más frecuentes y abultadas subastas de deuda? Pues en muy buena parte, la banca española.

¿Se dan cuenta de lo que esto supone?

El Gobierno rescata a los bancos para que los bancos rescaten al Gobierno, y el cuento puede no tener fin, hasta el momento en que alguien se dé cuenta de que se trata del mismo dinero girando en medio del espacio, y cambiando de manos para ofuscar los asientos contables. En otros tiempos a esto se le llamaba hacer el cucurucho y estaba penado por la ley.

El cucurucho tradicional funcionaba como sigue:

La empresa A, con un capital de tres mil euros, y propiedad del desaprensivo Manolo, hacía una ampliación de capital por importe de otros tres mil euros, digamos que para comprar nuevas máquinas. La propia empresa A, o Manolo, compraba esas acciones, con lo que el resultado contable era que había acciones por 6000 euros, y los mismos 3000 euros de antes en la caja, porque salieron tres mil para comprar pero entraron tres mil por vender. Hacemos la operación otra vez y tenemos en caja tres mil euros, y acciones vendidas por importe de 9000. Y así sucesivamente. Se trataba simplemente de mover papeles de un lado para otro sin que la empresa creciese de veras, y el objetivo final era atraer a algún pardillo que, viendo que la empresa tenía un capital de 150.000 euros (sólo hace falta hacerlo treinta veces) pusiera dinero de verdad en alguna de esas ampliaciones de capital que tan rápida y fácilmente se agotaban.

Pues con la deuda pública y los bancos españoles, me temo que estamos en el mismo caso. El Gobierno apuntala el capital de los bancos y los bancos acuden a las subastas del Gobierno. Y el que se mete en esas subastas es el pardillo. ¿Cómo demonios queremos que, funcionando así las cosas, llegue el crédito a las empresas y a las familias? Imposible: el dinero no se puede sacar de esa ruda o se hunde el chiringuito.

Si después de tantos años de sofisticación contable hemos llegado a esto, apaga y vámonos…

 

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El gran fraude de las participaciones preferentes

Sentir general

Sentir general

Reproducimos hoy un comentario aparecido en el foro de Invertia, y firmado por un usuario que se identifica como Arnelas. Si el autor quiere aparecer con su nombre, estaremos encantados, por supuesto, de añadir su firma al artículo.

A nuestro entender, describe mejor que nadie el gran fraude de las participaciones preferentes.

Algunos piensan que los viejos de este país son una pandilla de especuladores egoístas que buscan constantemente donde ganar más y más dinero. Y no digo que no haya algún viejo que obedezca a ese perfil, pero la inmensa mayoría son sólo pequeños ahorradores que buscan una única cosa para el dinero que han ahorrado durante toda su vida con esfuerzo, sacrificio y renunciando a muchas cosas. Son jubilados que buscan sólo seguridad, saber que nadie puede quitarles el dinero que ahorraron a lo largo de tantos años, porque si alguien lo hace y les quita o les hace perder sus ahorros buena parte de su vida pierde todo el sentido. Y el tiempo sólo corre hacia adelante, nunca corre hacia atrás, de manera que no pueden volver sobre sus pasos, actuar de otra manera y recuperar el sentido de su vida.


Ese dinero ahorrado es para poder ayudar a sus hijos en caso de necesidad, o para hacer frente a una invalidez, o al coste de los cuidadores en caso de enfermedades como un alzheimer, trombosis, esclerosis, demencia senil, etc… No es para especular en ninguna inversión ni para pegarse la vida padre. Los viejos sólo quieren mantener su dinero a salvo, por si acaso. 

Creo que la mayoría de los que ponen a parir a los viejos víctimas de esta estafa no se hacen a la idea de lo que puede suponer para una persona sencilla, que ha tenido lo justo para vivir, el que su vida y sus renuncias pierdan todo el sentido. Es una tragedia. Ojalá que no tengan que sufrirlo en sus propias carnes. No saben de lo que hablan cuando dicen tantas barbaridades acerca de nuestros viejos. 

Esos hijos de puta que llevan tantos años sangrando al país, es decir, nuestra impresentable clase política, llevaron a la quiebra al conjunto de cajas de ahorro y algunos bancos, dirigiendo el dinero de los ahorradores hacia los bolsillos de amigos y familiares a través de negocios estúpidos (financiando promociones que no se han vendido, empresas inútiles y absurdas, etc…) y después del desaguisado diseñaron desde sus sillones del consejo de administración de esas entidades quebradas un milagro contable, consistente en mover todo el dinero que hiciera falta desde el PASIVO EXIGIBLE de la entidad hacia otros asientos contables, los de los accionistas y tenedores de bonos. Ese movimiento hacia el “Core Capital” de los cojones permitía soportar unas carteras de créditos fallidos de dimensiones siderales que, por supuesto, no se debían a las hipotecas de los honrados y esforzados ciudadanos españoles, sino a las aventuras empresariales de sus amiguetes y familiares en el ladrillo y fuera del ladrillo. El milagro de los panes y los peces en versión cañí. 

Para mover ese dinero no bastaba con una orden del director financiero de la entidad, puesto que el dinero no era de la entidad, sino de los depositantes, y por tanto eran necesarias las firmas de los titulares de los depósitos. Que nadie dude que si hubiera sido posible hacerlo con un simple asiento contable lo habrían hecho. En consecuencia dieron orden de endosar participaciones preferentes y emisiones de deuda subordinada a todas las personas que tuviesen ahorros. 
En esta casa de putas que tenemos por país se da la circunstancia de que la mayoría de los ahorradores son viejos porque los jóvenes, con los salarios mileuristas que ganan la mayoría de ellos, no tienen ninguna capacidad de ahorro y sólo pueden aspirar a llegar a fin de mes, algo que ahora ya empieza a ser otro milagro gracias a los sinvergüenzas que dirigen el país. Por eso la inmensa mayoría de afectados por esta estafa son viejos. Pero que nadie dude de que si hubiera en este país una sana clase media menos “vieja” habrían diseñado una operación similar ex profeso. 
Los directores y subdirectores de las sucursales de las cajas de ahorros obedecieron en su mayoría a pies juntillas, supongo que motivados con algún pago variable en función de objetivos. Algunos han sido tan tontos que han endosado esos productos a su propia familia (hay directores de sucursal que dan vergüenza ajena por sus escasos conocimientos, ya que ocupan ese puesto por enchufe del partido correspondiente) La mayoría han sido simplemente unos desalmados que han engañado a los viejos a los que deben su salario para poder comprarse un Audi último modelo. Y los menos han sido personas honestas que le han echado cojones, han antepuesto su conciencia a los objetivos de la entidad y se han negado a colocar ese producto a sus clientes. 
El PP y el PSOE hacen a diario una representación teatral en este asunto. Sólo están ganando tiempo para ver si son capaces de conseguir que la estafa vea reducida al menos en parte su extensión. Los dirigentes de ambos partidos tienen que callar, puesto que son los responsables de la estafa en las cajas de ahorros de las autonomías que cada partido gobernaba. CiU ídem de ídem. Se tienen unos a otros agarrados por los huevos y se dicen ¿verdad que no nos vamos a hacer daño? Com caso excepcional el PNV creo que al menos en este caso particular no ha cometido ningún desmán. 
La prensa publica constantemente noticias morbosas relacionadas con las tragedias particulares de las personas afectadas, y los telediarios nos los exhiben a la hora de la comida como hacen con los niños africanos cada vez que hay una hambruna. Pero ningún medio de comunicación ha hecho aún ninguna investigación en serio, poniendo nombres y apellidos a los responsables, describiendo los mecanismos de la estafa y explicando qué es lo que previsiblemente va a pasar. Como tampoco se molestan en comprobar si las cifras optimistas que proporcionan las autoridades sobre el grado de avance de los arbitrajes son ciertas o no lo son. Ni describen con pelos y señales que en el caso de que el afectado opte por el proceso judicial vivirá un largo camino de lágrimas, porque aunque el juez dé la razón al afectado, la entidad recurrirá y el caso tardará años y años en solucionarse cuando llegue a la instancia superior, probablemente cuando el afectado ya no esté en este mundo. 
Es la mayor estafa de la historia de España, sin ninguna duda. Y eso ha sido posible porque con anterioridad se han cometido estafas de dimensiones estratosféricas en las que los responsables se han ido de rositas y han quedado como auténticos triunfadores (Banca Catalana, adjudicaciones de los activos de Rumasa, etc…) 
El que no vea la estafa está ciego. Y el que eche la culpa a los pobres viejos (salvo excepciones de gente codiciosa, que algunos hay) es un desalmado, exactamente igual que los directores de las sucursales, porque al fin y al cabo el argumento es el mismo, que conocían el riesgo ¿verdad que si?

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Por qué los españoles no creen en los sindicatos

trabajo

Nada es lo que era…

Que el equilibrio de fuerzas está roto desde hace tiempo es algo que ya sabemos todos los españoles. El poder legislativo y el ejecutivo no es que estén conchabados, es que comparten cama desde hace lustros. Del judicial ya, ni hablamos, ni se le espera, convertido en una especie de circo desde el que se intenta hacer política sin pasar por las urnas cuando no se dedica simplemente a sepultar asuntos en distintos sepulcros de los que resucitan según el momento y la oportunidad.

Pero lo que más nos preocupa a los ciudadanos de a pie son las relaciones diarias, esas que mantienen los sindicatos y la patronal y que afectan directamente a nuestros sueldos. Aquí es donde más se nota la falta de contrapesos y de un equilibrio de fuerzas que obligue a que una negociación sea verdaderamente un intercambio de posturas y no un simple enfrentamiento de matones, donde se ventile quién puede hacer más daño y cómo puede hacerlo. Y en ese sentido, los sindicatos se han llevado la peor parte de la mala imagen, por muy distintas razones. Paso a citar las que he escuchado con más frecuencia:

-Los sindicatos desincentivan la creación de empresas. Y no porque defiendan los derechos de los trabajadores, que sería lo suyo, sino por una dialéctica caduca que insiste en la lucha de clases y en la que, hablando claro, el empresario siempre es un cabrón por el hecho de serlo. Así las cosas, el que tiene dinero no quiere que le llamen cabrón y prefiere no invertirlo, vivir de las rentas, y el que quiera empleo, que lo busque. Mientras socialmente no se valore al emprendedor, no conseguiremos que se genere empleo.

-Los sindicalistas piden a los demás riesgos y sacrificios que ellos no afrontan. Como quiera que los representantes de los trabajadores están legalmente protegidos del despido y otras medidas, el resto de trabajadores ve que se les piden esfuerzos y riesgos que los mismos que se los piden no van a sufrir. Así, la protección de los representantes, que aparentemente es una buena idea, desacredita la acción sindical y hace que los trabajadores desconfíen. No digo que tengan siempre razón, ni mucho menos, pero la desconfianza es un hecho. Si a esto se le suma que a veces a los sindicalistas no se les descuentan los días de huelga (aunque es ilegal) la cizaña está sembrada.

-Los liberados sindicales no son bien vistos por los trabajadores. La idea es muy bonita y muy sensata, por supuesto, pero en la práctica y en el mundo real los trabajadores saben de sobra lo que hacen sus compañeros liberados en el horario supuestamente sindical. Como siempre, hay de todo, pero igual que un cura pederasta mancha la imagen de mil sacerdotes que se matan a currar, un sindicalista que atiende el mostrador de la tienda de su mujer en horario sindical mancha la imagen de cien que se matan defendiendo a los trabajadores. El hecho de que una persona cobre de una empresa un salario pero no trabaje en ella junto al resto es siempre origen de desconfianzas, corruptelas y tensiones.

-Los sindicatos se nutren de fondos públicos. Ya sea a través de subvenciones directas o de la gestión de cursos y otras prebendas, los sindicatos se nutren más de fondos públicos que de las cuotas de sus afiliados, lo que los mete en el mismo carro que los denostados partidos políticos. Además, por un simple juego de incentivos, los trabajadores sospechan que acaban apoyando más a quien les da el dinero que a quien se supone que representan.

-Los sindicatos nunca denuncian. Todos sabemos que hay montones de economía sumergida, trabajadores sin contrato e ilegales trabajando en negro. Todos sabemos que eso perjudica a los salarios, a al competitividad de las empresas que están legales y la sociedad en general. pero los sindicatos no parecen enterarse y son rarísimas las denuncias de contratos en negro, trabajadores ilegales o trabajadores sin seguro. Los sindicatos parecen preocuparse solamente de apretar los tornillos a los que están en regla, dejando de lado a los que no lo están. Esto empeora su imagen ante todos de una manera considerable.

-Los sindicatos no se interesan por los trabajadores de pequeñas empresas ni por los parados. Esta queja es muy frecuente y se basa en que a menudo, demasiado a menudo, parece que los sindicatos sólo consideran trabajador a aquel que da derecho a una porción de liberado. En una empresa de trescientos trabajadores el sindicato ve opciones de liberar gente, o de obtener prebendas, y se implica. En una empresa de tres, ni están ni aparecen. Lo mismo sucede con todas las negociaciones, que tratan siempre de beneficiar a los que ya están dentro, en perjuicio de los jóvenes y los que tienen contratos temporales. Esta dualidad del mercado, que es probablemente el mayor problema de nuestro mercado de trabajo, ha venido fomentada por la negociación sindical desde hace décadas, y ha perjudicado mucho a la imagen sindical entre ciertos colectivos.

Por último, quiero mencionar una queja que , aún siendo difusa, he escuchado a menudo: que el roce hace el cariño. Para muchos trabajadores, el hecho de que sus representantes se vayan a menudo de cena (o de charla, o de comida, o de reunión) con los patronos, aunque sea para negociar sus derechos, lleva a que con el tiempo acaban por entenderse y entablar una relación en la que buscan el mutuo beneficio, dando la espalda a los representados. Y es que, el sindicalista profesional, con el tiempo, acaba compartiendo más horas con los jefes que con los compañeros, y todo se nota…

¿Y por qué digo todo esto?

Porque creo que los sindicatos son imprescindibles, pero mientras se siga deteriorando su imagen no tendremos en España unas relaciones laborales sanas. Y es fundamental.

 

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Carta de un contribuyente indignado con la ley del embudo

Ni así le vemos el chiste

Ni así le vemos el chiste

Esta vez, nos limitamos a publicar un mensaje que nos ha enviado un contribuyente. La verdad es que aborda muchos temas y cualquiera se cabrearía lo mismo que él…

Recibo una carta de la única empresa a la que facturo (soy autónomo) que les ha llegado un requerimiento de hacienda por el cual no pueden pagarme este mes, ya que les debo, a hacienda, 300€ de un iva aplazado y que es un embargo, con lo cual como no estoy al corriente  con hacienda, mi empresa no puede pagarme por que me sancionan.

 

Lo que se olvidan de mencionar en su carta de embargo que mandan a mi empresa , es que ellos ME DEBEN 4200 EUROS de la devolucion de la renta de 2011. A principios de Enero me ponen un mensaje que mi devolución es ok, para ahora cambiarlo y poner su devolucion está siendo comprobada!!

 

Mi empresa no puede pagarme por que ellos dicen que les debo 300 y ellos me deben 4200!! es de locos. Me voy a la delegación de hacienda, les pido que compensen la deuda con el abono por escrito y sigo esperando!!! Me dicen que no hay un plazo para contestar, que ya me llegara!!

 

Quién va a pagar los retrasos en los pagos que me va a ocasionar el no poder atenderlos por que no he podido cobrar de mi empresa hipoteca autónomo con 20% de recargo, empleado etc!! soy un autónomo que además tiene gente trabajando a su cargo, creando empleo!!! este país me da asco administativamente hablando!!son unos sin verguenzas da igual el partido

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Las cifras del hundimiento

Los números son el lastre.

Ya no es cuestión de cuánto más va a durar la crisis, porque sobre eso habría mucho que hablar, y muchos gráficas que mostrar, sino que ha llegado el momento de ver hasta cuándo podemos resistir. Esa es la pregunta verdaderamente acuciante, y aunque ya es bastante malo de por sí tener que planteársela, lo peor es que todas las respuestas que se me ocurren son francamente desalentadoras.

Un pequeño análisis de los números oficiales basta para darse cuenta de que no se trata solamente de que la banca esté en quiebra, de que el fraude fiscal nos haya dado en la cabeza o de que el robo manifiesto de los políticos haya acabado a la vez con nuestra cartera y nuestra confianza en las instituciones.

El caso es que la cosa va mal, porque no puede ser de otro modo con unas cifras como las nuestras. Y vamos a ellas, aunque sé que hay montones de versiones, con distintos matices y distintos modos de cálculo:

-La Seguridad Social dice que en España hay alrededor de dieciséis millones y medio de afiliados a la Seguridad Social. Lo pongo aparte y en el centro para que se vea bien.

16.500.000

Por tanto, hay dieciséis millones y medio de personas que cotizan

-Según los últimos datos de población activa, y demás, en España andamos cerca de los seis millones de parados.

6.000.000

-Con datos de parecido origen, sabemos que en España hay alrededor de nueve millones de pensionistas.

9.000.000

¿Os dais cuenta de que cada persona trabajando, está  pagando, casi, a un jubilado o a un desempleado?

Sé de sobra que no es exactamente así, pues desafortundamente hay muchos parados sin prestación alguna, pero compensando unas cosas con otras, al final, resulta que el desembolso total por estas dos partidas supera los 160.000 millones de euros. Y ese dinero tiene que salir de las aportaciones de cada vez menos gente, porque somos más viejos y hay menos empleo.

Y no sólo ese dinero. Porque la economía se divide en dos: la pública y la privada. Ambas generan valor, por supuesto, pero es el sector privado el que, con sus impuestos, paga también los salarios y las cotizaciones del sector público. Y en España hay tres millones cien mil empleados públicos.  No soy de esos majaderos que piensan que los empelados públicos son una rémora, porque empelado público es tanto el mequetrefe que NO te atiende en el ayuntamiento, como el policía que quieres ver en tu barrio, el médico que te opera, el juez que te hace dormir tranquilo o el profesor de mates de tu hijo. Hacen lo que hacen, opero lo cierto es que los pagamos entre todos.

La cuenta final nos queda, por tanto:

13.400.000 trabajadores del sector privado pagan:

-Sueldos y cotizaciones de 3.100.000 empleados públicos.

-Desempleo, y subsidios de 6.000.000 de desempleados (insisto en que sé que algunos no cobran más que los 400 € y otros, pocos, ni eso)

-Pensiones de 9.000.000 de pensionistas.

Cada cotizante que se va al paro es, por tanto, un doble daño.  Por un lado, deja de pagar, y por otro empieza a cobrar, con lo que el agujero de nuestras cuentas se agranda. Por mucho que nos vengan con recortes y con tonterías, lo único que puede salvarnos, y tiene que ser YA, es que disminuya el desempleo. A mi juicio, y teniendo en cuenta el mont0 de las pensiones y el de las cotizaciones, la cifra actual ya no es sostenible, pero me atrevo a pronosticar que el país entrará en barrena el día que la suma de los jubilados y los parados supere a la de los cotizantes. Ese día habremos dado el paso final hacia el abismo y ya no habrá salvación.

Todo lo que no sea actuar sobre este frente es perder el tiempo. Un tiempo que,  ya lo veis, no nos sobra.

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El glorioso asunto de los mandos a distancia. Cuando el legislador está en el ajo.

Una máquina de tabaco cualquiera

Hacer algunas semanas se rumoreó que un conocido político catalán estaba presionando al Gobierno para que se exigiera una ITV de chimeneas, de modo que una a una garantizasen la seguridad de la instalación y la correcta emisión de humos.

Sin entra a valorar si el rumor tenía algo de cierto o era un globo sonda político, resulta curioso cuando menos que esa clase de inspecciones sean tan golosas para los amigos de las rentas capturadas. Pero es normal: el caso es que en España puede haber del orden de unos dos millones y pico de chimeneas, tirando por lo bajo, y a 250 € por unidad, esa normativa, aparentemente inocente, supondría un embolso para alguien de 500 millones de euros, sin tener que buscar los clientes y sin que se te pueda escapar nadie. O sea, el Paraíso de cualquier jeta.

Hablado del asunto con un amigo, resultó que el caso no era nuevo, y que ya padecimos algo parecido con los mandos a distancia de las máquinas de tabaco.  Figúrense hasta qué recónditos detalles de la economía llegan los aprovechados para enriquecerse a costa de los ciudadanos amparándose en leyes en apariencia inofensivas.

El caso es que, supuestamente, para impedir el acceso de menores a las máquinas expendedoras de tabaco instaladas en establecimientos de hostelería, se legisló que estas debían estar desactivadas por defecto y debían poder ser activadas a petición mediante un mando a distancia que accionase el responsable del local a petición del cliente que quisiera sacar tabaco. A los hosteleros les pareció todo un engorro, porque era estar pendiente de una cosa más, pero como era por el bien de los niños, se sofocó de inmediato cualquier tipo de protesta.

La jugada del asunto estaba en que el mando a distancia tenía que ser uno muy concreto y muy caro, y que cualquier otro dispositivo no sería homologado. El mando, además de ser caro, se perdía, se robaba, se averiaba, desaparecía… Eso originó nuevas quejas, por supuesto, pero era la ley y había que cumplirla o quitar la máquina.

En ese punto, en un centro de formación profesional, en la rama electrónica, diseñaron un dispositivo que en lugar de un mando  distancia utilizaba un interruptor y, mediante un cale, daba la señal de activación a la máquina. Costaba unos quince euros, en lugar de los doscientos y pico que costaba el mando, y como iba por cable, ni se perdía, ni se extraviaba, ni necesitaba pilas. A los hosteleros les pareció estupendo y los chavales que lo diseñaron  estaban encantados, pero no fue posible instalarlo: no pasaba la homologación y las máquinas que lo incorporasen se considerarían en situación ilegal, arriesgándose a las sanciones correspondientes.

¿Qué pensamos nosotros? Que los fabricantes del mando homologado se habían asegurado muy mucho de que sólo se pudiera comercializar el suyo, al precio que ellos dijeran, y con las autoridades detrás, amenazando a quien no quisiera ser cliente suyo. Si para lograr esto medió favor, cohecho o corrupción con los políticos que tomaron esta medida, lo desconocemos.

Y ustedes también lo desconocen, ¿verdad que sí?

Pues baste al buen entendedor.

La conclusión es que a doscientos euros, por unos trescientos mil mandos, alguien se sacó setenta millones y pico de euros de la jugada. Una jugada inocente, para proteger a los niños, y en una esquinita cualquiera de la economía productiva.

Estas son las cosas que nos convierten en un país de mierda.

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