¿Qué significa eso de prorrogar los presupuestos?
Hoy voy a tratar de hablar del significado de unos presupuestos prorrogados, que es lo que estamos viviendo ahora mismo, después de que el anterior Gobierno no aprobase los de 2011, y de qué clase de consecuencias tiene. La verdad es que se trata de un tema muy obtuso, ideal para hacer tesis doctorales, pero creo que hay que saber de qué va la cosa, y por qué todo el mundo pelea tanto porque los presupuestos se aprueben, ya que su prórroga automática es una fuente de toda clase de complicaciones.
Reforma laboral: la hora feliz de los defraudadores
No es mi campo, pero le sale de ojo a cualquiera: la ampliación de la posibilidad de hacer horas extras a los contratos a tiempo parcial va a ser un tragadero inmenso para la economía sumergida.
Acabo de leer un artículo sobre las nefasta consecuencias que esta ocurrencia tendrá para los trabajadores con contratos a tiempo parcial, y lo primero que se me ha venido a la cabeza es que no sólo será un desastre personal y humano para estos trabajadores, sino que acabará siendo una tragedia para las arcas públicas y para las empresas que quieran estar dentro de la ley.
Y trato de explicarlo: Mientras los trabajadores a tiempo parcial no podían hacer horas extra, la inspección de trabajo podía darse una vuelta por las empresas y si pillaban a un trabajador en supuesto fuera del horario contratado, meter un paquete al empresario por contratación irregular. De esto ya hablamos en otro artículo, y es muy frecuente en algunos sectores como la hostelería o la atención al público, donde se hacen contratos pro dos horas, por si hubiese un accidente laboral, y se trabajan seis o siete en realidad, pagadas por el socorrido y archifamoso procedimiento del sobre.
A partir de ahora, los inspectores de trabajo ya pueden quedarse tranquilamente en la oficina, porque de nada les servirá darse una vuelta por estos establecimientos, ya que el trabajador que pilen fuera de horario podrá estar haciendo horas extras, autorizadas pro la nueva reforma laboral, y no servirá de nada denunciar el caso. O como mucho, con suerte, y usando algún subterfugio, se podrá imponer una sanción menor. Una de esas sanciones que hacen pensar al defraudador que ha valido la pena correr el riesgo y contarlo a sus colegas.
En cuanto se corra la voz de esta novedad vamos a ver un auge descomunal del trabajo en negro y de la economía sumergida, porque convertir un trabajo a jornada completa en un trabajo a tiempo parcial ya no tiene riesgos: se paga menos seguridad social, el trabajador tiene menos derechos, y si hay una inspección, resulta que el trabajador está haciendo horas extras.
Esto, como todos sabemos, perjudica al trabajador, perjudica al Fisco y perjudica, por competencia desleal, a las empresas que están en regla y cumplen con sus obligaciones.
O sea que, como en España ya no había casi nada de economía sumergida, vienen estos tontos del haba a dar facilidades al que defrauda y a complicar la vida al que trata de cumplir.
Me parece indignante.
Los que se niegan a mostrar el precio de lo que venden. Síntoma de fraude y otros delitos.
Hace pocos días, y por encargo de una persona que vive fuera de la ciudad, realice unas cuantas llamadas de teléfono a particulares e inmobiliarias preguntando precios de pisos en venta y en alquiler. Por una parte, me llamó la atención la disparidad de precios, sobre todo en los pisos en venta, con diferencias de hasta el 100 % en edificio, barrios e inmuebles similares, y por otra, y de es quiero hablar, me dejó muy extrañado la insistencia de muchos propietarios a no dar precio alguno por teléfono y esperar al encuentro personal para hablar de dinero.
Después de reflexionarlo, me parece que esta actitud de ocultar el precio de lo que se vende no sólo es manifiestamente ilegal según el código mercantil, sino que oculta una serie de fenómenos que vale la pena comentar.
-En primer lugar, es una falta de educación y una tremenda desconsideración, porque a menudo las personas que llaman están fuera de la ciudad y se les obliga a perder tiempo y dinero en un desplazamiento que luego, conocido el precio, puede ser absolutamente inútil. Por eso, lo que em pide el cuerpo cuando me encuentro con uno de estos casos es decir que sí, quedar al día siguiente a las nueve de la mañana para ver la casa, y no presentarme por allí. No lo hago, pero es lo que me pide el cuerpo.
-El que no te quiere decir el precio de lo que vende, o lo oculta en su escaparate (inmobiliarias), te está tomando claramente el pelo, intentando aprovecharse de ti de algún modo, ya sea por la sensación de “compromiso” que algunos tienen tras preguntar o para poder subir o bajar el precio según vean el interés del comprador. Por tanto, entiendo que los que lo hacen se guardan una carta para obtener ventaja sobre mí y, de entrada, los considero peligrosos y no me fío de ellos.
-Publicar los precios de los inmuebles de manera obligatoria serviría para reducir el fraude fiscal, tanto en los casos de compra como alquiler. La gente se cuidaría mucho más de pedir dinero en negro o de declarar alquileres por debajo de la realidad si previamente hubiese publicado un precio, con todo lo que implica la publicidad de un producto. Nokia, por ejemplo, no puede anunciar un teléfono en 100 € y luego intentar vendértelo en 200€, porque la publicidad es un contrato que obliga al vendedor. Si esta publicidad fuese obligatoria de manera efectiva habría mucho menos mamoneo, menos chanchullo y más transparencia. Por tanto, la reticencia a publicar precios es un claro síntoma de que se podría estar intentando un fraude fiscal sobre precios basándose en la opacidad de la operación.
-Por último, la negativa a hablar de precios oculta en muchos casos el sexismo, el racismo, la xenofobia y otras formas de discriminación, pues algunos propietarios no publican los precios para poder subirlos o bajarlos dependiendo de la tonalidad de piel o el aspecto que vean a la persona que pregunta por el inmueble. Evitando publicar precios se pueden permitir solar el precio para un inmigrante, para un estudiante o para una mujer sola con niños.
Por tanto, así de claro lo veo yo: si unimos mala educación, posibilidad de timo, fraude fiscal y discriminación, veremos que lo que parecía una anécdota es en realidad un hecho bastante feo, bastante sucio y bastante grave. A ver si entre todos nos concienciamos y presionamos para que se cambie.
Fraude fiscal y cazadores de recompensas. ¿Cuánto se sacaría?
Cada vez que se habla de esta vieja propuesta salen los que dicen que su implantación supondría regresar al salvaje Oeste, o a los tiempos de la Inquisición, pero cuando el agujero del Estado amenaza con llevarse por delante la educación, la sanidad y la justicia (eso para empezar) quizás sea el momento de preguntarse si no valdría la pena ponerse realmente duros para intentar recaudar una parte de los 88.000 millones de euros que según los técnicos de Hacienda se defraudan anualmente en España. Si además tenemos en cuenta que los técnicos de Hacienda sólo habla de lo defraudado al Fisco pero no incluyen los fraudes a la seguridad social, los subsidios cobrados indebidamente, las pensiones recibidas por medios fraudulentos y las cotizaciones que no se pagan por trabajar en negro, entonces estamos ante cifras verdaderamente escandalosas. Y cifras anuales, además, que se suman año tras año.
En estos momento, ya través de la web de Hacienda, cualquiera puede enviar una denuncia fiscal. Pero todos sabemos que estas denuncias tienen sus riesgos (grandes o pequeños) y parece que el civismo no es suficiente para impulsar a los españoles a dar cuenta de las conductas fraudulentas que tienen a diario delante de sus narices.
Por tanto, ¿qué tal estaría pagar al denunciante el 20 % de la cantidad obtenida con la posterior sanción si la denuncia concluye en el descubrimiento de un fraude?
Semejante propuesta, que se escucha cíclicamente en los ambientes fiscales, no sólo serviría para que aumentasen las denuncias y se incrementase la eficacia de las inspecciones, sino que tendría una segunda utilidad mucho mayor: la desaparición de la sensación de impunidad que tiene a día de hoy los defraudadores. Porque si das una factura falsa, o trabajas en negro, o sigues trabajando mientras cobras el paro, te pueden pillar o no, porque Hacienda a veces está lejos y es difícil que se entere. ¿Pero quién se atrevería a dar una factura falsa o a no cobrar un IVA si te puede denunciar, ganando pasta, el mismo al que se la das? ¿Quién se atreve a pagar o cobrar en negro si la otra parte se puede hacer un extra denunciando?
El efecto directo sería importan, pero el efecto preventivo sería aún mayor, sobre todo con ciertas actividades que conoce todo el mundo, se hacen delante de las narices de todo el mundo y nadie tiene interés en denunciar, porque no saca nada más que malquerencias, peleas, y molestias.
El efecto social, en cambio, podría ser tremendo, convirtiendo a cada vecino en un vigilante, o en un posible enemigo. Nada es gratis…
O a lo mejor se pretende que sí, y esta es la pelea, como cuentan los amigos de Rema y Calla
¿Podemos regularizar lo cobrado en “negro”?
Nos escribe un lector para realizarnos una consulta, y como puede ser interesante para más gente, reproducimos aquí, como artículo, tanto la consulta como la respuesta, en el entendido de que mucha más gente podrá hacer su aportación y podremos, entre todos, resolver mejor la duda.
Escribe el lector:
Llevo cobrando una parte de mi sueldo en “negro” desde hace varios años. En varias ocasiones le he planteado a mi jefe que aparezca en nómina la cantidad total que recibo a lo cual él se niega abiertamente.
Llegados a este punto yo quiero declarar en hacienda el total de las cantidades percibidas como rendimiento del trabajo y tengo varias preguntas al respecto:
-¿Tendré que abonar una multa por los años anteriores en los que esos ingresos no se declararon?
-¿Tendrá la empresa una inspección de hacienda? Hay que tener en cuenta que si se enteran puedo quedarme sin trabajo
-El hecho de que yo tenga declarados esos ingresos ¿servirá para cobrar el paro o jubilación acorde a la cantidad real que estoy cobrando?
Gracias por su ayuda
Esto le respondemos:
En un caso como el suyo, como en casi todos, lo mejor es ir por partes:
Aunque sus circunstancias no nos son conocidas y puede haber muchas variaciones, debe tener en cuenta lo siguiente:
-Para declarar las cantidades percibidas en negro tiene que regularizar usted su situación. Por tanto, tendrá que presentar una declaración complementaria por los ejercicios anteriores. Y sí, es posible que le pongan una sanción por no haber declarado antes, ya que su renta real era superior a la declarada y eso le ha ahorrado a usted una serie de impuestos que debería haber pagado y no ha pagado.
-Tenga en cuenta algo muy importante: tiene usted que poder demostrar que la empresa le ha pagado esas cantidades, y demostrarlo de manera fehaciente, o de lo contrario se puede ver metido en un lío. Imagine, por decir algo, que su patrón lo niega y dice que ese dinero lo habrá ganado usted vendiendo hachís… y que por eso quiere blanquearlo. Vaya risas que se iban a echar, ¿eh? ![]()
-La empresa tendría una inspección, sí, y le dirían al patrón que usted declara una cantidad que ellos niegan pagar. Se enteran o sí o sí. No hay prácticamente posibilidades de que no se llegue a saber, porque van a contrastar sus gastos con los gastos reales.
-No. No cobraría usted ni jubilación ni subsidio de desempleo por esas cantidades, porque usted las ha cobrado, pero la Seguridad Social no ha ingresado la parte correspondiente a esos dineros. Por tanto, además de hacer la complementaria ante Hacienda, probablemente se encuentre debiendo una cantidad bastante sustanciosa a la Seguridad Social como atraso. Si consigue que condenen a su patrón es posible que le toque pagarla a él, pero si no, póngase en lo peor.
Esperamos haberle servido de ayuda. Y esperamos que los lectores, que a menudo saben más que nosotros o tienen más experiencia, aporten su opinión al respecto.
El límite de 1000 euros en efectivo es una medida inútil
Si al nuevo Gobierno no se le ocurre mejor cosa para luchar contra el fraude fiscal y la economía sumergida que limitar a mil euros el pago en efectivo, entonces apaga y vamos.
Y sí, puede parecer muy atractivo controlar el dinero que se mueve, y poner trabas a gastar el dinero negro, y obstaculizar todo lo posible esa economía informal que algunos dicen que llega al 20 % de nuestro PIB, pero en estas cosas creo que hay que hablar más claro, porque la gente se pierde y entiende lo que no se ha dicho:
Cuando se habla de limitar el pago de facturas en efectivo, NO se dice que no se pueda usar el dinero en billetes contantes y sonantes, sino que no se pueden declarar facturas de más de mil euros que hayan sido pagadas en efectivo. ¿Y a qué bnos lleva esto? ¿A que haya más control del dinero o a que haya menos facturas legales? A mí me parece que a lo segundo.
A partir de ahora, con las comisiones que cobran los bancos y la enorme molestia de tener que ir a una sucursal para ciertas operaciones, lo que veremos es que muchas facturas que antes se declaraban dejarán de declararse. A menudo nos olvidamos, por ejemplo, de que diez millones de personas viven en el medio rural, y de que en muchos pueblos no hay sucursal bancaria. En todos esos lugares, hasta ahora se hacía una pequeña obra y se pagaba al albañil en efectivo, para que no perdiese una mañana entera en ir a cobrar un cheque o a tener dinero para pagar a su proveedor, residente en un pueblo cercano. Había, por supuesto, muchas operaciones en negro, ¿pero cuántas habrá ahora, que una factura de mil quinientos euros te hace desplazarte treinta kilómetros, hacer una cola y volver al curro, tras otros treinta kilómetros?
La idea del Gobierno, por tanto, consiste en que al no poder declararse las facturas no habrá fraude, lo que equivale a la idea americana de la guerra moderna, en la que al no verse los muertos por la tele, no hay guerra.
Sin embargo, lo que sucede en el mundo real, es que al ser más difícil usar el dinero negro en transacciones normales, aumentará la evasión de capitales a lugares donde sea más fácil de utilizar y aumentará el poder y las ganancias de las mafias que se dedican al blanqueo de este dinero. pensar que los que generan el dinero en B dejarán de hacerlo porque les cuesta más gastarlo es una idea un tanto peregrina que, o peca de ingenua, o peca de soberbia al tomarnos a los demás por bobos.
En lugar de subir la recaudación, es muy probable que se consiga justo lo contrario. La única manera que la Sociedad tiene de recuperar algo de lo perdido con la actividad en negro es a través del gasto de ese dinero, que paga IVA, o de su reinversión, que paga impuestos para legalizarse.
Hasta ahora, una de las formas de blanquear dinero más fáciles y sencillas consistía en comprar bienes con el dinero negro, y al comprar los bien se tributaban las cantidades correspondientes para convertir en legal el dinero. Por tanto, lo que hay que luchar es contra la economía sumergida donde hace daño, no donde lo repara. Hay que buscar el modo de que esa economía aflore, pero no impidiéndole que pague impuestos más tarde, sino todo lo contrario.
El dinero negro no va a desaparecer de ningún modo, ya que los ingresos procedentes de actividades delictivas las drogas seguirán sin declararse. El Gobierno, en cambio, parece pensar que se venderá menos coca cuanto más difícil sea conseguir factua…
¿De dónde han salido estos?
Un sistema para combatir a la vez el desempleo y el fraude fiscal (y funciona)
Es una pena que el Gobierno no lea este blog, porque vamos a proponer un sistema que serviría a la vez para combatir el desempleo y el fraude fiscal. Bromas aparte, nosotros sí leemos a Kantor, en equilibrio social y de allí hemos sacado la idea que hemos adaptado luego a la lucha contra el fraude fiscal, que es el tema sobre el que escribimos aquí.
Una de las razones pro las que las crisis generan tanto desempleo en España es por la rigidez del mercado laboral. Y decir esto no tiene nada que ver con que esté a favor del despido libre, que no lo estoy, sino que se trata de constatar un hecho: cuando bajan los beneficios de la empresa, el patrón intenta reducir sus costes, y la única manera sustancial de hacerlo en un sistema en que los salarios y los contratos se establecen por ley es despidiendo trabajadores.
En otros países, como Alemania, los sindicatos pactan recortes de jornadas y de salarios, en un modo de repartir las horas de trabajo disponibles, pero aquí eso no e sposible la mayoría de las veces, y además estaría por ver lo que dirían tanto patronal como sindicatos de la idea de mantener toda la plantilla, con todas las cotizaciones sociales (aunque reducidas) y todos con menos horas y menores sueldos…
Por tanto, cuando el mercado se pone feo ahí fuera, las empresas españolas lo tiene duro para competir, ya que no pueden modificar el precio del petróleo, ni el de la electricidad, ni tampoco el de los salarios, pactado de antemano, y para muchos años, por los convenios colectivos. ¿Y qué se hace? Despedir, y normalmente a los últimos que han llegado, y no a los menos eficientes. Esto, dicho sea de paso, es una de las razones del vergonzoso pro juvenil que padecemos.
Así las cosas, parece que no va a quedar más remedio que ligar los salarios a la productividad, pero como bien dice Kantor, eso es un sucedáneo, porque lo que interesa de la productividad es que se convierta en rentabilidad.
La propuesta, por tanto, es la siguiente:
Vincular los salarios a los beneficios de la empresa, con algún tipo de mecanismo corrector cuando durante un periodo de tiempo no haya beneficios. Los beneficios, así calculados, serían los ingresos, menos los gatos corrientes, menos los intereses de los préstamos, y por supuesto, quedarían fuera los salarios, ya que estos se pagan después de calcular beneficios.
Evidentemente, para esto hay que introducir la participación de los representantes de los trabajadores en la gestión de las empresas, pero esto no sería un gran problema, pues si se trata de hacer aumentar los beneficios, sindicatos y patronal se pondrían de acuerdo inmediatamente, y no como ahora, que cada uno trata de hacer aumentar SU parte de los beneficios. Por tanto, como efecto primero, tenemos la sustitución de la conflictividad por la cooperación. Si los salarios dependen del beneficio, todos querrán que crezca el beneficio.
Y en segundo lugar, si los salarios dependen del beneficio y se permite a los sindicatos controlar las cuentas, ¿no sería esto una medida de enorme control contra el fraude fiscal?. Sería decisivo, porque es más fácil engañar a Hacienda que a tus propios administrativos, que saben lo que vendes y a qué precio, a tus propios camioneros, que saben lo que transportan, y a tus propios obreros, que saben lo que fabricas. Con los representantes sindicales vigilando las cuentas para que no les reduzcan los salarios a traición, el fraude se quedaría en una sombra de lo que es.
Y tras el fraude se reduciría, el déficit, la austeridad, etc…
Se admiten objeciones. Se ruegan, incluso.












