Por qué se imprime dinero a espuertas y sin embargo no hay inflación

Algo está yendo mal...

Algo está yendo mal…

El concepto es bastante obtuso, pero creo que merece la pena hablar de él.

El caso es que el Banco Central Europeo, además de la FED y otros bancos emisores, llevan meses imprimiendo dinero a mansalva, como si no hubiera mañana. Y el caso es que, al mismo tiempo, no se ha producido el temido repunte de la inflación, que sería normal cuando se introduce semejante cantidad de dinero en el sistema.

¿Qué puñetas está pasando? ¿Por qué la introducción de dinero no genera inflación?

La respuesta, a mi juicio, está en el empobrecimiento general.

A lo largo de los años, los países desarrollados han ido acumulando riqueza. Es indiscutible que, tanto los pobres como los ricos, disponen ahora de más cosas y viven mejor que hace cincuenta años. Podemos entrar a discutir la distribución de esa riqueza, pero las casas son mejores, los coches son mejores, la sanidad es mejor, etc. se ha producido una acumulación de riqueza.

Como las divisas actuales basan su valor en la riqueza de los países que las emiten, el hecho de que las sociedades se vayan empobreciendo permite introducir nueva moneda, en forma de deuda, sin que la circulación monetaria genere inflación. O sea, que se trata de sustituir con dinero artificial la riqueza que se consume en el mundo real, haciendo la jugada de las habichuelas que entran (ficticias) por las que salen (reales), de modo que el sistema monetario permanezca aparentemente estable mientras consume, vía empobrecimiento, la riqueza acumulada en décadas y generaciones pasadas.

La demanda que debería ser estimulada pro al impresión o creación de dinero, compensa la demanda que se destruye pro la depresión de los salarios y el empobrecimiento de la población.

Por eso se trata de un proceso lento y constante y, añado como hipótesis, sirve también para saber el ritmo al que nos empobrecemos, pues es perfectamente previsible que hayan calculado el ritmo de entrada de dinero teniendo en cuenta el ritmo de destrucción de riqueza real.

En estos momentos, en Europa, hablamos de 80.000 millones de euros al mes.

No es moco de pavo.

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El asedio al dinero en efectivo

La verdadera Dama de Hierro.

La verdadera Dama de Hierro.

Era de esperar: después de que la cantidad máxima que legalmente se podía pagar en efectivo bajase a los 3000€ , ahora la han vuelto a reducir hasta los 1000€. El pretexto es el de siempre: luchar contra el fraude fiscal, blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.

Lo que pasa es que algunos, muchos, no nos creemos ni una palabra y hasta dudamos de la legalidad de esta medida.

En primer lugar, el dinero es un medio legítimo de pago, y hacer que los primeros veinte billetes de 50 € sean legales, para convertirse en ilegales cuando  se les añade un billete más es algo dudoso. ¿Emite ese dinero la autoridad competente? Si. ¿Se supone que es válido para pagos públicos y privados? Si. ¿Y cómo es que pierde esa validez por encima de una cierta cifra? Difícil de explicar.

La respuesta más graciosa que me dieron a este razonamiento es que el dinero es como el humo, que viene a ser legal por debajo de un límite, y pasa a ser ilegal cuando lo supera. Bien, maravilloso: la naturaleza del dinero es su toxicidad y su presencia contamina. ¿Quién iba a pensarlo?

Fuera de estas bromas, porque como bromas las tomo, lo cierto es que, a mi entender, detrás de la prohibición del uso del dinero en efectivo hay otras razones mucho más inquietantes.

En primer lugar,  obligarnos a todos a tener cuenta bancaria, pagar las comisiones correspondientes por el mantenimiento, pagar las comisiones de las tarjetas, pagar las comisiones de las transferencias y pagar las comisiones de los cheques. ¿O no les parece raro que los bancos hayan cayado como meretrices ante el anuncio de la medida? Callan porque hacen caja, y mucha, convirtiéndonos a todos en clientes cautivos, sujetos pro la correa de la transferencia y el papelito.

En segundo lugar, con el actual manejo d ela información, saber cuánto gastamos, en qué, a qué hora y dónde, ofrece un cuadro completo de lo que somos, nuestros intereses, nuestras aficiones y todas y cada una de las facetas de nuestra vida. ¿Saben cuánto pueden pagar las grandes multinacionales pro esa información? ¿Saben lo que el puede interesar a cualquier Gobierno o a cualquiera que quiera saberlo todo de nuestra intimidad?

El fin del dinero en efectivo es el fin de la libertad. Si la propiedad privada es la mitad de la ley, como dicen los anglosajones, la privacidad es la mitad de la libertad. Y entre Google y estos campeones de la opresión, nos están dando bien por saco.

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Lo de la desigualdad suena bonito…Pero es engañoso

thumb-tani-coin-stacking-14Cada vez con más frecuencia veo artículos y reportajes hablando de la desigualdad. En principio, no tengo nada que oponer a que al justicia social de un país se mida por la igualdad o desigualdad en el reparto de la riqueza, pero creo que los periódicos, los medios en general, también caen en esta ocasión en su ya imparable deriva amarillista, buscando más la lágrima fácil o la reacción visceral, que un verdadero raciocinio.

Desde mi punto de vista, medir la desigualdad de la riqueza, en vez de medir la desigualdad de la renta, no es aportar nada constructivo ni intentar mejorar la situación.

Cuando decimos que el 1% de la población tiene tanto como el 40 % más pobre, suena muy cipotudo, muy injusto y muy sangrante, peor no aportamos gran cosa al debate de los salarios, las rentas y los servicios sociales.

Y me explico:

A día de hoy, Amancio Ortega, el de Zara, tiene tanta riqueza como ocho millones de españoles juntos. Ok. Pero si mañana hubiese un crack en la bolsa, o una crisis mundial, y Amancio Ortega perdiese en una semana dos terceras partes de su patrimonio, ¿Sería España un país más justo? Puede que para los miserables u los envidiosos sí, pero para los demás, los que queremos vivir un poco mejor y que los más humildes no pasen estrecheces, la respuesta es no. Amancio Ortega seguiría teniendo más de lo que puede gastar en tres vidas, y los españoles más humildes, seguirían igual de jodidos o más que antes, pro mucho que mejorasen las puñeteras estadísticas de desigualdad.

La desigualdad tiene que medir las rentas y las oportunidades y ahí sí sirve para algo. A no ser, claro está, que toda esa prensa supuestamente solidaria que publica estos datos tenga como objetivo final otra cosa, menos confesable, como incitar al expoliola colectivización o similares.

Pues si es así, que lo digan, y que dejen de duisfrazarse de corderos.

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¿Qué es peor? ¿No pagar tus impuestos o comprar un Iphone?

La verdadera Dama de Hierro.

El lugar donde preferimos encerrarnos

Si en algo hemos avanzado en los últimos años es en la percepción social del fraude fiscal. Afortunadamente, cada vez son menos los que piensan que el que escaquea sus impuestos es un genio y un campeón, y, al menos en público, ha cundido la idea de que los impuestos que unos no pagan se convierten en servicios que otros no reciben.

El problema, de todos modos, persiste a nivel indirecto, porque aunque sabemos que hay empresas que no pagan sus impuestos, que operan dese paraísos fiscales, que operan mediante compañías interpuestas para sacar el dinero de nuestros países sin abonar los correspondientes tributos, eso se sigue considerando algo aceptable.

¿Es razonable exigir a nuestros gobernantes que luchen contra las multinacionales o contra los paraísos fiscales mientras nosotros seguimos consumiendo, masivamente, productos que se benefician de esta ingeniería financiera para no pagar impuestos? ¿Qués es lo que somos en realidad? ¿Hipócritas o idiotas?

Cuando no pagamos nuestros impuestos, estamos restando dinero a las arcas públicas, y cuando compramos un producto que SABEMOS que no los paga estamos haciendo lo mismo, y fomentando esa conducta, igual que cuando compramos un producto robado estamos fomentando que se sigan asaltando chalés.

Si Apple o Amazon, por ejemplo, utilizan paraísos fiscales para enjuagar artificialmente  sus cuentas, o decirnos que ganan mil euros al año, y nosotros somos sus clientes, no somos mejores que cuando pedimos una factura sin IVA al fontanero o no declaramos las clases particulares que dimos a la hija del vecino.

Podemos ir de dignos, de morales, de éticos, o de lagarteranas: colaborar con un fraude conocido nos convierte en cómplices, quizás no ante la ley, pero sí ante la sociedad y ante ese vecino que nos escucha hablar de cuentas claras mientras exhibimos la manzanita de nuestro último dispositivo.

Dejar de pagar tus impuestos es restar dinero a las arcas de todos. Y comprar productos a empresas que no los pagan, lo mismo. Es igual. No hay diferencia real entre el que esconde sus ingresos y el que tiene un aparato a sabiendas de que su fabricante defrauda. La difenecia sólo es aparente, una diferencia para cortos de vista que, además, se convierte en distinción de clase…

¿Cómo vamos a mejorar así?

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Urgente e imprecinsible

Tema generacional¿Necesitas dinero urgente?
Pues parece que el Gobierno también, si es que quiere que el agotamiento de la caja de las pensiones no se convierta en la madre de las batallas de la guerra generacional que vivimos, una guerra en la que los mayores, con razón, creen que se han merecido una jubilación tranquila, y los jóvenes, sin duda con buenos motivos, piensan que no es normal que sus salarios sean inferiores a las pensiones de los jubilados.
La cuestión es que los derechos de las pensiones se consolidaron en el pasado, cuando ciertos trabajos tenían valor, y se pagan ahora, cuando esos mismos empleos se han devaluado. La cuestión, candente a nivel político, es que nuestro sistema de pensiones es de reparto, y no de capitalización.
Pero además de lamentarse, tirarse los trastos a la cabeza, y echarle la culpa al primero que pasa, ¿qué se puede hacer? Las soluciones reales no son muchas:
-Reducir el importe de las pensiones. Nadie duda de que nuestros mayores se lo han ganado, pero los que están en activo también se esfuerzan y ven como los salarios se reducen paulatinamente, mientras los pensionistas cobran a menudo más que sus colegas en activo.
-Aumentar las cotizaciones: Si el dinero no alcanza, se pueden aumentar las cotizaciones para reducir la brecha. La cuestión es que las cotizaciones a la Seguridad Social son un impuesto al trabajo, y todo impuesto al trabajo genera desempleo, puesto que, si el trabajador compite por un puesto contra una máquina, por ejemplo, la  máquina se amortiza antes y resulta más interesante automatizar que crear empleo. ¿Estamos en un momento en que haya que quitar dinero a los trabajadores, ya muy agobiados por su baja renta? Ya hablaremos otro día de renta neta y renta disponible.

-Crear un impuesto específico para las pensiones: con esto se permitiría desvincular el trabajo de las pensiones y hacer que todos, y no sólo los trabajadores, colaborasen en el pago de las pensiones. Pero estamos en lo mismo: crear un nuevo impuesto es reducir la disponibilidad económica de la gente, y ese es justo nuestro problema: que no habiendo dinero la gente no puede consumir. Un aumento de impuestos sería un enorme paso atrás, y más de la cuantía que se necesitaría para sufragar el gasto en pensiones actual.

Así que, en estas condiciones, a lo mejor el Gobierno, cualquiera que lleguemos a tener, acabará por dirigirse a una empresa de préstamos rápidos, aunque sólo sea para no abordar el problema y dejar el marrón para el siguiente.

Como han hecho hasta ahora, vaya.

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El envejecimiento de la población y un daño inesperado

1366_2000 (9)De de los perjuicios que causa el envejecimiento de la población todos conocemos un buen puñado. Que si la dificultad para sostener las pensiones, que si el incremento en gasto sanitarios, y unos cuantos más, pero hay uno que nunca se menciona y que en la práctica está teniendo efectos devastadores.

Se trata del envejecimiento del capital, o del síndrome, como dicen algunos, de la falta de ganas. Algo así como el PADEFO (paso de follones) del dinero, lo que conduce a un estancamiento de la innovación y a un subempleo de los recursos.

La cosa es simple, pero de puro simple no la vemos: cuando la gente vive más, tarda más años en dejar sus bienes y su patrimonio a los hijos, y este retraso en las gerencias hace que los herederos reciban el dinero y los patrimonios cuando ya tienen su vida resuelta y no tienen ni edad ni ganas para invertir ni crear nuevas empresas. Cuando los padres dejaban su herencia a los hijos en el momento en que estos tenían entre treinta y cuarenta años, un porcentaje importante de estos invertía lo recibido en ampliar su negocio, en crear nuevas empresas o incluso en consumirla en nuevas viviendas, o lo que fuese.

Pero como resulta que está demostrado que el consumo cae con la edad, y mucho más aún el apetito inversor,  al recibir ahora la herencia familiar entre los 45 y los cincuenta y cinco años, buena parte de los herederos se encuentran ya demasiado mayores para montar una empresa, no tienen ganas de ampliar la suya, y buena parte de los gatos que querían hacer ya los hicieron o han renunciado definitivamente a ellos al adaptarse a un estilo de vida diferente.

Así nos encontramos con que el capital, mucho capital, permanece ocioso en manos de octogenarios, y que cuando estos mueren el dinero y los bienes se transfieren a cincuentones que pasan de todo, con lo que el capital sigue igualmente ocioso, sin energía para la innovación, la inversión o incluso el consumo.

Para esto, se proponen dos soluciones: en Francia, Pikkety sugiere que se eleve el impuesto de sucesiones para que herede el Estado, pero nada mñás proponerlo algunas fortunas se han domiciliado en otro sitio.

En Austria, en cambio, se propone elevar el impuesto de sucesiones al tiempo que se reduce el impuesto de donaciones, para que los viejos puedan donar su patrimonio en vida a sus hijos, y se dinamice de ese modo la economía.

De momento, parece que funciona mejor el modelo austriaco, pero cada cual tendrá su opinión. Lo que no funciona es lo nuestro: pasar de todo y no hacer nada, mientras seguimos acumulando ricos en los geriátricos y los jóvenes no tiene un duro.

Mal asunto.

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Por qué una parte de la derecha apoya a Podemos

Los números son el lastre.

Los números son el lastre.

A mí también me resultaba increíble, pero a fuerza de escuchar a gente que siempre ha votado a la derecha me he acabado convenciendo de que una parte del electorado tradicional del PP, apoya en estos momentos a Podemos. Y se trata de una parte muy concreta, pequeña y bien informada, que suele estar al tanto de datos que a los demás se nos escapan.

No vengo aquí con la pretensión de contar un secreto ni nada parecido: simplemente voy a repetir lo que me dicen y que cada cual juzgue según su criterio.

A lo que parece, los datos reales de la economía española son mucho peores de lo que nos cuentan. Zapatero empezó a falsificar el PIB en su día y Rajoy siguió contando mentiras hasta el punto de que nuestro PIB real es hoy entre un quince y un veinte por ciento menor del oficial. Hay muchas maneras de calcularlo, pero el simple hecho de que nuestro PIB sea hoy igual  que el de los tiempos en que trabajaba un millón más de personas y se consumía el doble de cemento, más electricidad y más diésel deja claro que algo pasa con la cifra. Y no es que de pronto nos hayamos convertido en una economía orientada al I+D. Y no es que de pronto, si nos comparamos con otros países parecidos al nuestro hayamos experimentado una eclosión de eficiencia: es que el dato es mentira.

Así las cosas, nuestra deuda no es del 100% del PIB, sino mucho más alta. Andamos por el 120%.

Así las cosas, el desempleo no ha disminuido lo que dicen, porque aunque ha aumentado el número de trabajadores ha disminuido el número total de horas trabajadas, y cambiar un empleado a tiempo completo por dos a tiempo parcial no significa tener menos desempleo.

Y lo mismo sucede con las cotizaciones a la Seguridad Social: hay más cotizantes que hace un par de años, pero menos recaudación. ¿Por qué? Porque la gente cotiza por su salario, y esos salarios no han hecho sino menguar, dañando el poder adquisitivo de los trabajadores, y por tanto la demanda.

¿Y cómo lleva eso a que una parte de la derecha apoye a Podemos? Pues no es difícil, según ellos: porque si en estos momentos, cuando el estacazo es inevitable, gobierna la derecha, es muy probable que en las próximas elecciones  se lleve la mayoría absoluta, sin discusión, alguna fuerza izquierdista, legitimada para entrar con el hacha y la guillotina. Pero si ahora se come el gran estacazo un partido de izquierdas, gobernando en estado de debilidad, perderá toda legitimidad moral y la gente vinculará la catástrofe a la izquierda, borrándolos del mapa en el siguiente ciclo económico y electoral.

O sea, que cuando sabes que vas a hundirte, lo mejor que puedes desear es que hagan capitán del barco a tu enemigo.

Y esto, para los que saben lo que hay en la bodega, empieza a oler a Titánic.

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