La realidad es mucho más prosaica

Cada vez que se habla de esta vieja propuesta salen los que dicen que su implantación supondría regresar al salvaje Oeste, o a los tiempos de la Inquisición, pero cuando el agujero del Estado amenaza con llevarse por delante la educación, la sanidad y la justicia (eso para empezar) quizás sea el momento de preguntarse si no valdría la pena ponerse realmente duros para intentar recaudar una parte de los 88.000 millones de euros que según los técnicos de Hacienda se defraudan anualmente en España. Si además tenemos en cuenta que los técnicos de Hacienda sólo habla de lo defraudado al Fisco pero no incluyen los fraudes a la seguridad social, los subsidios cobrados indebidamente, las pensiones recibidas por medios fraudulentos y las cotizaciones que no se pagan por trabajar en negro, entonces estamos ante cifras verdaderamente escandalosas. Y cifras anuales, además, que se suman año tras año.

En estos momento, ya través de la web de Hacienda, cualquiera puede enviar una denuncia fiscal. Pero todos sabemos que estas denuncias tienen sus riesgos (grandes o pequeños) y parece que el civismo no es suficiente para impulsar a los españoles a dar cuenta de las conductas fraudulentas que tienen a diario delante de sus narices.

Por tanto, ¿qué tal estaría pagar al denunciante el 20 % de la cantidad obtenida con la posterior sanción si la denuncia concluye en el descubrimiento de un fraude?

Semejante propuesta, que se escucha cíclicamente en los ambientes fiscales, no sólo serviría para que aumentasen las denuncias y se incrementase la eficacia de las inspecciones, sino que tendría una segunda utilidad mucho mayor: la desaparición de la sensación de impunidad que tiene a día de hoy los defraudadores. Porque si das una factura falsa, o trabajas en negro, o sigues trabajando mientras cobras el paro, te pueden pillar o no, porque Hacienda a veces está lejos y es difícil que se entere. ¿Pero quién se atrevería a dar una factura falsa o a no cobrar un IVA si te puede denunciar, ganando pasta, el mismo al que se la das? ¿Quién se atreve a pagar o cobrar en negro si la otra parte se puede hacer un extra denunciando?

El efecto directo sería importan, pero el efecto preventivo sería aún mayor, sobre todo con ciertas actividades que conoce todo el mundo, se hacen delante de las narices de todo el mundo y nadie tiene interés en denunciar, porque no saca nada más que malquerencias, peleas, y molestias.

El efecto social, en cambio, podría ser tremendo, convirtiendo a cada vecino en un vigilante, o en un posible enemigo. Nada es gratis…

O a lo mejor se pretende que sí, y esta es la pelea, como cuentan los amigos de Rema y Calla

 

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