Hoy voy a explicar el método de blanqueo de dinero más tonto que existe, y que precisamente por eso es tan eficaz. Como todo, tiene sus riesgos, y puede salirle mal al que lo intente, pero en principio es fácil, cómodo, y tiene algunos efectos secundarios interesantes.

Imaginemos, por ejemplo, una banda Indonesia de traficantes de armas. Utilizo este ejemplo porque no conozco ninguna ni jamás he oído habla de semejante cosa. La banda indonesia opera en España y obtiene unos beneficios astronómicos, pero quiere blanquear ese dinero en Europa para introducirse en algún negocio.

El sistema más simple para blanquear ese dinero es enviar dos docenas de contenedores llenos de trastos de valor ínfimo a algún puerto abarrotado como el de Valencia o el de Barcelona, donde sólo revisan, al azar, un uno por ciento de los contenedores que llegan. Podrían enviarse vacíos, y se ha hecho, pero es mejor llenarlos de figuritas de barro, sillas de madera o cachivaches diversos de artesanía oriental. Además, si revisan el contenedor, tampoco pasa nada, pero es mejor mandar mil unidades de lo que sea y declarar cinco mil que lo contrario y por eso es mejor hacerlos envíos a través de un puerto donde sólo tengan tiempo de comprobar que no hay armas nucleares o heroína en el contenedor.

El paso siguiente, está claro: se declara que se ha vendido esa mercancía al doble o el triple de lo que se ha comprado y ya está: el dinero del tráfico de armas aparece legalizado después de pagar los correspondientes impuestos de la venta de cachivaches, aunque en realidad se hayan tirado al basurero o se vendan por ahí a cualquier precio, en los puestos callejeros de las fiestas de las ciudades o en tiendas especializadas en esa clase de morralla.

La idea reside en que es muy difícil valorar esos objetos, pues al tratarse de artesanía y supuestas obras de arte pueden tener el valor que se quiera y se acaba dando por bueno el acordado entre el comprador y el vendedor. La idea, en el caso de las menudencias, reside en que no hay modo de saber cuánto vale en origen una percha fabricada en Tahilandia, ni la inmensa mayoría de las cosas que se traen. Y además, nadie se preocupa de eso.

Y si os fijáis, los papeles están todos en regla: una empresa de Indonesia envía dos toneladas de collares de colores, estatuillas y máscaras de teatro, y cobra por ellas dos millones de euros. ¿Qué podemos oponer? El que las recibe, paga esos dos millones de euros, por transferencia bancaria. Nada que oponer tampoco, peor ojo, que ya tenemos parte del dinero negro de regreso al país de origen del grupo criminal. El que las recibe, las vende luego, o dice venderlas en una serie de tiendas, y después de un tiempo prudencial, declara haber vendido toda la mercancía por digamos siete millones de uros, con un beneficio de cinco millones. Si declara esos cinco millones, ¿cómo demostramos que no vendió lo que dice vender? Si lo declara, tiene las facturas de la mercancía, una docena de tiendas y dice que vendió lo comprado, ¿cómo demonios demostramos que el dinero procede de otra actividad?

Ahora, permitidme que plantee unas preguntas para no tener que decirlo yo todo:

-¿A qué precio tienen que venderse esas estatuillas, o cualquier otra mercancía, para que den beneficios? Pista: el negocio no es la mercancía, o sea que el precio importa tres pimientos. Como si las regalan. Pero lo que se saque, si se saca algo, es beneficio extra. Por eso hay cosas tan baratas por ahí…

-Ahora que os lo he contado… ¿No os recuerda algo? ¿No os ha entrado alguna sospecha sobre ciertas tiendas donde todo es demasiado barato, a pesar de los grandes locales y los altos alquileres?

Pensad…

😀

P-D: Esta vez apuesto algoa que en los anuncios que ponen en esta página no sale ninguna de esas tiendas…

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