Poco amor nos tenemos...

Lo malo de leer historia es de que te enteras de lo que había y puedes compararlo con lo que hay. Y no hay que  referirse a la historia lejana, aquella de tercios flamencos o imperios americanos, sino a algo mucho más cercano como el Diccionario Madoz.

El Diccionario Madoz es una obra gigantesca en la que se describe, pueblo a pueblo, caserío a caserío incluso, la riqueza de las tierras de España, entrando a menudo en pormenores sobre la historia de cada lugar, su producción agrícola y hasta quién paga al maestro en cada pueblo. Se creó con la intención teórica de crear la primera Hacienda moderna de España y, en la prácti8ca, sirvió de guía para la desamortización, una de las primaras grandes privatizaciones por las que ha pasado España.

Los resultados de aquella desamortización, además de suponer un desastre para el patrimonio artístico y la deforestación de casi una décima parte de todo el territorio con el consecuente cataclismo ecológico, pueden resumirse en que los amigos de los políticos y los caciques de turno compraron los bienes del Estado a precio de saldo para revenderlos luego con beneficios obscenos.

Desde entonces, el modelo se ha repetido en distintos momentos de nuestra historia, con distintos pretextos y bajo distintas modalidades. Si se nos ocurre repasar lo que fue la industria pública española, resulta que era nuestras empresas como ENDESA (que significa Empresa nacional de Electricidad, por cierto), la metalúrgica ENSIDESA, Ebro motor, Transmediterránea, Iberia, Telefónica, Campsa, ENCE, SEAT, Tabacalera, ENFERSA, y una larga lista que no vamos a reproducir aquí.

Todas empresas se han vendido a lo largo de los años ofreciéndonos una falsa sensación de prosperidad. Todo ese patrimonio ha desaparecido para explicar, por ejemplo, que los Presupuestos Generales del Estado fuesen un billón de pesetas en 1977 y hoy sean un billón largo de euros. Como una peseta del setenta y siete equivale a veintidós pesetas de hoy, ¿alguien cree realmente que somos ocho veces más ricos? Puede que el doble, o el triple, pero no ocho veces.

Ahora, cuando suenan de nuevo rumores sobre la venta de las pocas empresas que quedan, como Paradores o Loterías y Apuestas del Estado, cabe preguntarse si no habremos vivido todos estos años gastándonos los ahorros del abuelo, y qué va a pasar cuando la vieja cartilla de banco, guardada en la mesita, se ponga a cero o entre en números rojos.

Decía Ortega que el heredero simplemente hereda, o lo que es lo mismo, se encuentra con unas condiciones de vida que él no ha creado, instalándose en el enorme caparazón de otra persona: su antepasado. Pero el heredero ni sabe de dónde viene todo eso ni mucho menos cómo conservarlo, porque no forma parte de su organismo y, en el fondo, le es ajeno.

¿No será ese nuestro caso? ¿No será que todo este lío de Bankias, deudas, pisos que sobran y gente que se desespera procede del hecho de que hemos estado viviendo de la privatización de unas empresas que eran simplemente una herencia?

El desarrollo del país es innegable y se ha producido en pocas décadas. La evolución psicológica y sociológica de una nación, por desgracia, es algo mucho más lento.

Por cierto: Aquí está el diccionario Madoz para quien quiera ver la historia y los datos de su pueblo. El que quiera ver en pie muchos de esos pueblos, que se dé prisa.

 

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