Evolución del número de empleados públicos. Click para ver más grande

La lucha de imagen entre los funcionarios y la sociedad en general es una guerra perdida por ambas partes, sobre todo desde que se llevó al terreno de los bajos instintos, como tantas otras cosas, y se alejó de cualquier tipo de razonamiento lógico.

Por una parte, había demasiada gente en las academias de opositores, y demasiada gente diciendo cosas tan tremendas como “me paso jodido unos años pero luego, ¡a vivir!” ¿Quién no ha oído eso alguna vez?

Pero lo cierto es que hay otras realidades, y de eso me gustaría hoy hablar aquí, porque se trata de un verdadero fraude social, fiscal, y humano.

En primer lugar, creo que tenemos una imagen distorsionada de lo que un funcionario, y que la mala imagen, innegable, que tiene este colectivo procede fundamentalmente de la rama administrativa, o sea de toda esa gente que se supone que te atiende en juzgados, ayuntamientos, diputaciones, y administraciones regionales. Cuando la gente se cabrea con los funcionarios y dice que son unos maulas no se refiere , ni siquiera en su fuero interno, a los  profesores de sus hijos, a los policías de su barrio ni a los médicos del hospital.

En el gráfico se puede ver que hace años que estamos aumentando descontroladamente el número de empleados públicos, incluso en épocas de recesión. Todos sabemos que en algunos servicios eso ha supuesto una mejora de la eficiencia, pero todos sabemos también que muchas de esas plazas de empleo público se han convocado para pagos políticos, clientelismo, fraude y pesebre. Y eso tampoco ayuda NADA a los que trabajan honradamente y se sacaron su plaza en buena lid. Si en vez de reducir los sueldos se redujesen las plazas sobrantes mediante las correspondientes excedencias, sin duda sería más justo y más eficiente.

Sin embargo el Gobierno, este y el anterior, explota la vena cainita de los españoles para aplicarles recortes a todos por el mismo razonamiento con el que a menudo se dice que los ricos lo son porque han robado. Puñetera envidia, hablando claro.

En segundo lugar, esta bajada de condiciones y salarios profundiza un poco más en nuestro acercamiento al sistema soviético que tanto gusta a algunos y que tan gloriosas quiebras ha producido en el pasado. Se trata de que tengan un puesto de trabajo todos, los que producen y los que no producen, los que son rentables y los que no lo son, los que se esfuerzan y los que no dan un palo al agua. Y lo cierto es que en España sobra un gran número de funcionarios, especialmente en algunas administraciones, pero bajarle el sueldo a todos para que su coste sea un poco menor no optimiza los recursos, no elimina a los improductivos y no racionaliza la administración. Simplemente reparte miseria sin mejorar nada. Muy comunista.

En tercer lugar, con esta clase de medidas el Gobierno deja la impresión de que fija su objetivo en lo fácil: subir el IVA y bajar los sueldos que él mismo paga, sin ningún coraje de abordar reformas verdaderamente ambiciosas ni modificar la sociedad. Con este tipo de conductas, el Gobierno da de puertas afueras una imagen de debilidad que no nos conviene en absoluto. ¿Qué se hace en realidad para luchar contra al economía sumergida? Eso quiere saber Europa, por ejemplo.

Al Gobierno le faltó valor para tratar de poner remedio a la proliferación de oficinas inútiles, competencias duplicadas y papeleos sin sentido. Una vez más optó por el café para todos. Café con sal, en este caso…

 

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