Hay todavía quien piensa que abrir una empresa en Suiza es algo turbio, o directamente ilegal, cuando en realidad puede ser algo tan inocente como una casa rural en las montañas o una pequeña comercializadora de vinos, que dé a conocer en ese mercado los magníficos vinos españoles. No hay nada oscuro ni nada malo en invertir en Suiza, peor lo cierto, ha que reconocerlo, es que no resulta fácil.
No se trata de nada ilegal, insistimos, ni las cosas son lo que eran en otros tiempos, cuando no existía una presión tan grande sobre ciertos territorios, llamados paraísos fiscales, y abrir una empresa en Suiza puede seguir siendo interesante, ya sea para aprovechar las ventajas fiscales de ese país, como la diversificación financiera debida a su moneda, o simplemente a su pujanza productiva.
Aunque despareciesen prácticamente hace unos años las leyes de protección del secreto bancario, ll caso es que para la Agencia Tributaria puede resultar sospechoso y si se desea seguir adelante con la Formación de empresa en Suiza es interesante contar con buenos asesores, a ser posible en el país helvético. Gente que concentre los servicios, conozca su propia legislación uy la cultura económica y financiera del país, mucho más compleja y estricta que la nuestra.
Porque no se trata sólo de cubrir los requisitos en origen, sino de evitar problemas con la legislación Suiza, su importante burocracia y toda la serie de controles que hay que superar en ese país, donde los negocios son una especie de ritual de precisión. Hay una broma al respecto que dice que los suizos inventaron los relojes mirando el funcionamiento de sus bancos, y no al revés. Y sólo es mitad broma.
El número y la variedad de obligaciones es bastante alta, y muy compleja, desde la administración de la empresa, su domiciliación en una sede física localizable y disponible, la gestión del correo que se haga llegar a esa sede, ya sean notificaciones o de otro tipo, la contabilidad general o societaria, la presentación de los impuestos, la gestión de las nóminas, y hasta la representación fiscal, obligatoria desde 2018 para las empresas afincadas en Suiza.
Por todo ello, lo aconsejable es contratar una Gestoría en Suiza que ofrezca todos esos servicios, una gestoría integral que los reúna todos en una sola entidad, para no tener que añadir más complejidad a la operación y evitar los problemas que puede acarrear la descoordinación de los distintos proveedores de servicios.
Trabajar en un país extranjero siempre es complicado, pero el caso suizo puede ser más complicado todavía a nivel legislativo, ya que estamos hablando de un país que está fuera de la Unión Europea, cuenta con una legislación propia y ni siquiera opera en nuestra misma moneda.
Las ventajas de Suiza son muchas, por supuesto, pero cabe recordar también que se trata de un país con varias lenguas oficiales y que, dependiendo del lugar donde operemos vamos a necesitar también que nuestra gestoría se desenvuelva en uno u otro idioma.
O sea que animamos a quien sea a ir a Suiza, pero con la precaución primaria de contar con alguien allí que ayude en todos estos extremos. No es país para aventureros solitarios.

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