Cuando sobraba el dinero casi era peor...

A menudo hablamos de fraude y de que el carácter de los españoles es demasiado propenso a buscar las gateras por donde colarse para evitar cumplir la ley. Todo esto es cierto, pero más que el propio carácter español, mucho nos tememos que la razón esté en la mala cabeza de nuestros gestores, que legislan pensando en extraños seres cibernéticos o seres de otra galaxia más que en personas normales y corrientes.

Un ejemplo de esta escasa coordinación está en la relación existente entre la ayuda familiar y el salario mínimo interprofesional. Y veamos por qué:

Los desempleados sin ningún tipo de prestación tienen derecho a cobrar 400 € al mes. Para aquellos que les interese, hacemos un repaso del asunto: el subsidio para desempleados de 426 euros, también conocido como programa PRODI, concluyó en febrero de 2011. Para sustituirlo, el Gobierno de Zapatero aprobó una ayuda similar de 400 euros al mes, denominada como el Plan Prepara.

Este subsidio caducaba en febrero de 2012, pero el Ejecutivo de Rajoy lo ha prorrogado por seis meses, hasta agosto de 2012.

Sin embargo, y ahí está lo grave del asunto, el salario mínimo interprofesional se mantiene congelado en 641,40 €. Por tanto, y como la gente hace la cuenta de memoria, se entiende que hay que elegir en un momento dado entre estar apuntado a un curso del INEM y cobrar 400 € o ir todo el mes a trabajar y cobrar 640 €.

¿Vale la pena trabajar todo un mes por 240 €? La respuesta, más que evidente, está en la proliferación de la economía sumergida. Lo que realmente vale la pena, y lo ve a diario todo el que tiene un mínimo contacto con la realidad, es cobrar la ayuda, o el subsidio de desempleo, y trabajar sin contrato, sumando ambas cantidades.

Aquí no sirven de nada las monsergas buenrollistas basadas en bellísimos sermones sobre la solidaridad, el espíritu cívico y la ética ciudadana. Aquí la gente hace cuentas, suma sus facturas, mira los tickets de la compra y el recibo de la luz, y decide que es lo mejor para sus intereses o incluso lo único viable para su supervivencia. Aquí no valen discursos ni palabras: es la vida, en estado puro lo que impera y hay que elegir si se cobra el subsidio y se redondea con chapucillas o se trabaja todo un mes, ocho horas al día, por una diferencia de 8€ diarios. Y como nos dijo alguien, “si no eres capaz de ganarte ocho euros diarios por tu cuenta, ¿quién te va a querer contratar?”

El asunto está demasiado claro: o se suben los salarios, o se bajan los subsidios. Mientras no se haga una de las dos cosas es imposible convencer a nadie de que trate de evitar el fraude y comportarse con honradez.

 

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