Cartel obsoleto

El seguro de desempleo, más conocido como el subsidio del paro, cuesta treinta mil millones de euros anuales a las arcas públicas. Por tanto, estamos hablando de cantidades que importan de veras, pero de las que se prefiere no hablar normalmente proque es más limpio y se hacen más amigos señalando con el dedo otras partidas que parecen más escandalosas, aunque no supongan ni una centésima parte de esta cifra.

Lo cierto es que se trata de un derecho adquirido por los trabajadores después de haber cotizado con una parte de su salario durante un tiempo estipulado, y lo cierto es que es absolutamente falso que cobre su dinero, o cobren lo suyo, como muchos dicen, porque lo que sucede en realidad es que cobran lo que ellos aportaron y lo que aportaron los demás. Por tanto, mienten quienes dicen que es un subsidio (es un seguro) y mienten los que dicen que simplemente se llevan lo suyo (porque se embolsan lo de todos.) No hay más que ver la cara que ponen estos últimos cuando se habla de capitalizar el seguro y que cada cual pueda cobrar exclusivamente lo que él mismo ha pagado…

Dentro de ese seguro de desempleo, como en todo lo que referente a dinero que da el Estado, hay varios grupos:

1. Los que cobran el seguro y buscan activamente un trabajo.

2. Los que cobran el seguro y lo consideran unas vacaciones pagadas, sin aceptar ningún empleo hasta que no agotan el seguro.

3. Los que cobran el seguro y trabajan en negro en otro lado, metiéndose en casa un doble sueldo, a costa de los demás.

En una situación como la actual, llama poderosamente la atención que los representantes de los trabajadores presionen más para mantener las actuales condiciones de este seguro que para luchar contra el enorme fraude que todos conocemos, y que es un perjuicio para los trabajadores en general y en particular para los que están desempleados.

Al final, como sucede siempre en estos casos, el Estado no podrá seguir pagando las cifras actuales y los perjudicados netos serán los que necesiten realmente ese seguro para subsistir, pues los del segundo grupo acabarán aceptando un trabajo y los del tercero se verán menos afectados, ya que tienen otros ingresos.

En un momento de bajada general de salarios (de eso nos hemos dado cuenta todos) mantener el seguro de desempleo en sus actuales prestaciones es un incentivo al fraude. Y quitarlo, una puerta a la miseria. La salida pasa por filtrar lo mejor que se pueda a quiénes lo necesitan y a quienes no, y para eso se necesita sobre todo la colaboración de sindicatos o trabajadores. En caso contrario, como siempre, pagarán los más justos y los más débiles.

Share
 SIGUENOS EN TWITTER PINCHANDO AQUI .