Instrumento de tortura fiscal

Se ha comentado mucho estos días la fabulosa carta que Hacienda le ha enviado a casi cine mil ciudadanos informándoles de que deben dejar de pagar el alquiler a sus caseros para proceder a ingresarlo en la Agencia Tributaria. La reacción, obvia pro otra parte, ha sido de espanto, porque el común de los mortales se horroriza hasta la médula cuando recibe una carta de la Agencia Tributaria amenazándole de graves acciones si no responde en el plazo de diez días, y mencionando su nombre como obligado al pago.

Una vez que se le pasa el susto a la gente, se arma de valor, pone una vela a un santo o a un futbolista, y se va para la oficina más cercana de la Agencia Tributaria. Allí le explican que el que está pillado hasta las trancas es su casero, y que al no tener modo mejor de cobrarle lo que debe a Hacienda, se ha decidido embargarle el importe de los alquileres que le pagan mensualmente sus inquilinos.

En principio, parece un caso más, y lo es, del glorioso embargo de créditos del que ya hablamos en otra ocasión. Una empresa debe dinero a Hacienda, y Hacienda se vale de su posición dominante para colarse en la fila y cobrar antes que nadie. Vale.

Sin embargo, en este caso, nos encontramos con un doble problema:

Por una parte, el inquilino, que no tiene nada que ver con el asunto, ni ha cometido infracción alguna, se ve metido en el embrollo de tener que ir cada mes a Hacienda pro el documento de pago, hacer el ingreso en el banco y llevar de nuevo la carta a hacienda. Si no tienes, madre, marido, mujer o mayordomo (que es lo que a veces piensa la administración que tenemos todos) esto supone una grave molestia, una importante pérdida de tiempo y un problema en el trabajo para conseguir ese tiempo. Y si vives lejos de una delegación de Hacienda o en el medio rural, supone desplazamientos, gastos y problemas. ¿Y qué pinta el inquilino? Nada, pero a Hacienda le da igual.

Por otra parte, y más importante aún, resulta que Hacienda Se queda con el importe del alquiler, pero no con las obligaciones del casero, de modo que hacienda no realiza el mantenimiento del edificio, no se ocupa de los gastos generales correspondientes al propietario y además impide a este que tenga ningún tipo de provisión económica para cumplir con sus obligaciones ante los inquilinos. ¿qué sucede entonces? Que si tienes una gotera, falla la caldera, o se revienta una cañería allá te las apañes, porque Hacienda a arramblado con la pasta pero no con las obligaciones.

La conclusión final es que la gente se larga, Hacienda no cobra, el edificio se deteriora y el propietario se arruina.

Glorioso.

Share
 SIGUENOS EN TWITTER PINCHANDO AQUI .