Ya salieron los datos: el Estado recaudó cerca de 10.000 millones de Euros de los impuestos de tabaco durante 2010. Tratándose de esa cantidad, no me extraña que hagan el pino y violen a la lógica contra una esquina para poder compatibilizar sus deseos recaudatorios con una especie de buenrollismo sanitario que, siendo correcto y necesario, no deja un duro en el bolsillo.

Estamos ante un caso en el que los gobiernos, todos, y particularmente el nuestro, quieren nadar y guardar la ropa a cualquier precio y que, en el fondo, supone un peligroso desprestigio de la ley y de la confianza de los ciudadanos en las instituciones.

Pero si queréis, vayamos por partes:

-1- El tabaco es una sustancia nociva para la salud. Son tantas las evidencias y los estudios que así lo avalan que no vale la pena ni discutirlo.

-2- El tabaco, además de a quien lo consume, perjudica también a terceros, con lo que  estamos ante un supuesto claro de protección de la salud pública.

-3- El tabaco se vende con Registro De Sanidad. Es un producto de consumo humano que tiene su correspondiente autorización de venta. ¿Cómo se explica esto? ¿No estaría gracioso denunciar a Sanidad por conceder Registro y autorizar la venta de un producto declaradamente tóxico? A lo mejor se puede denunciar por el mismo camino por el que se denunciaron las corridas de toros. Todo es mirarlo…

-4- Es el Estado el que vende el producto, y para más recochineo, lo vende en régimen de monopolio.

No hay justificación alguna para que su venta se siga permitiendo. Y menos aún para que sea el Estado quien mantenga un monopolio fiscal sobre su comercialización.

La prohibición del tabaco supondría una pérdidas de 10.000 millones de euros más la proliferación del contrabando. ¿Y qué es el contrabando? La venta de un producto fuera del cauce fiscal. El contrabando no es vender lo prohibido, sino vender lo permitido fuera de sus cauces.

El propio concepto de contrabando hace ya pensar en leyes como la del embudo, pero en este caso, cuando sabemos que el producto es tóxico y se limita su consumo, permitir que continúe su comercialización es un simple desprestigio de la ley, de la confianza de los ciudadanos en las instituciones y de la lògica más llana.

Y todo por dinero. Cuando el propio Estado hace estas piruetas para defender sus cuartos, ¿cómo puede esperar honestidad de los ciudadanos?

Estas son las cosas, lo pienso de veras, que alientan el fraude fiscal, el blanqueo y toda clase de trapicheos. Porque si el estado es el primero que te cuenta cuentos para no perder lo suyo, no puede pedir luego rectitud a nadie.

Si es legal, que lo autoricen sin restricciones. Porque está prohibida su publicidad, prohibido su consumo en muchos lugares… ¡todo lo que da dinero a alguien que no sea el Estado!

Si lo restringen por tóxico, que no lo limiten. Y menos aún que lo vendan.

 

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Una canción para el contrabando

Un libro para el contrabando.

Un juego para no pensar en estas cosas.

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