Diagnóstico

Uno de los mayores problemas que causa el exceso de leyes es que nos convierte a todos en culpables de modo que luego, con la ley en la mano, son los encargados de hacer cumplir esas leyes los que eligen a quien condenan y con quien, simplemente, se limitan a hacer la vista gorda.

En el caso de los asuntos fiscales, a todos nos gusta que las normas estén bien establecidas y que se traten de cerrar los agujeros pro los que se escapa el dinero de todos, pero lo cierto es que la administración tributaria es una administración clara y directamente dependiente del poder político, con lo que se presta, con mayor daño que en otros casos, a una utilización sectaria para premiar a los safines y perseguir a lso contrarios.

En general, y por lo que conozco hasta la fecha, los funcionarios de la Agencia Tributaria son gente normal que se limita a hacer su trabajo y a elaborar unos magníficos informes en los que demuestran conocer todos los fraudes (de ahí sacamos muchas de las explicaciones de este blog) quejándose de que se les hurtan los medios para combatirm el fraude fiscal con efectividad.

Pero al frente de esos inspectores y subinspectores, que son funcionarios de carrera, se coloca habitualmente a otras personas directamente dependientes del poder político, y ahí es donde habitualmente surge el grave problema del empleo de la Agencia Tributaria como policía política.

Ahí es donde se originan donaciones a Partidos Políticos a cambio de dejar expedientes dormidos. Ahí es donde se convence a ciertas empresas para que ayuden a este o a aquel partido, a que liciten a este o a aquel precio las concesiones públicas, ahí es dónde se convence a las empresas de que es mejor no reclamar por vía judicial el dinero que les debe la Comunidad Autónoma, o la Diputación, o el Ayuntamiento.

Y lo cuento porque me parece el inicio de un camino cuesta abajo de difícil solución. Cada vez más empresarios se ven acosados por papeleo incesante y amenazas veladas por parte de personajes POLITICOS que consideran la Agencia Tributaria un medio de presión mucho más duro y efectivo que la simple extorsión.

La respuesta que me dan algunos a este problema es que para estar libre basta con tenerlo todo en regla, pero no es posible tenerlo todo en regla en un país donde las normas son contradictorias, y menos aún cuando a la competencia, afín al partido que gobierna el cotarro, se le permite hacer lo que le venga en gana, entregándole así en bandeja una ventaja competitiva que acaba laminando a los que tratan de hacer las cosas como es debido.

Estamos últimamente ante la peor expresión del trato de favor: aquella que  de entre todos los culpables castiga sólo a algunos, cuidadosamente elegidos, afirmando desconocer el resto. Estamos ante el problema de la calle donde no se puede aparcar y la grúa se lleva sólo cuatro coches de veinte: los de la competencia, los de l partido contrario y el de la chica que no se quiso acostar con el jefe de policía.

Mientras la denuncia pública de actividades fraudulentas pro parte de los ciudadanos no tenga un peso real, o mientras no exista algún mecanismo de control (que no puedo imaginar en este momento) la Agencia Tributaria seguirá siendo usada por los políticos como una especie de GESTAPO económica, una especie de régimen de terror que no persigue inocentes pero que descarta culpables haciendo la vista gorda según la conveniencia de quien la manda.

Y por ahí dos despeñamos.

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