Esto es lo que hay que evitar a toda costa

A lo largo de estos meses hemos hablado varias veces por aquí de los trucos que manejan las grandes empresas para pagar unos impuestos ridículos después de ganar verdaderas millonadas. Los dos principales, aunque hay más, son   el gran pufo de la ballena, y esa otra gran jugada de las comisiones que vimos hace poco.

Aunque pongo los enlaces para quien quiera repasar estos dos sistemas, la idea fundamental, resumiendo, viene a ser la misma: trasladar los beneficios de manera artificial desde el sitio donde realmente se obtienen a otro donde no se paguen impuestos. De este modo, hay países que simplemente se explotan como yacimientos de dinero que extraer, mientras se tarta a toda costa de no colaborar en nada a sus sistemas fiscales. Esta conducta es la base del colonialismo, por mucho que intenten disfrazarlo de libre comercio, globalización o maragato con castañuelas.

El método para arreglarlo es sencillo, y lo único que falta es voluntad política, pues algo parecido se aplica ya en la venta de los pisos. En el caso de lod inmuebles y a la hora de pagar el Impuesto de Tansmisiones Patrimoniales, el valor del inmueble es el MAYOR de estos dos: o el precio de compraventa, o el valor de mercado, comprobado por las tablas de valoración de la administración correspondiente. Al fisco le da igual si has regalado el piso o lo has vendido por cien euros: si vale doscientos mnil según sus tablas, pagas por doscientos mil y listos, porque el valor es el mayor de entre esos dos.

Con el Impuesto de Sociedades podría hacerse algo similar de una manera muy simple: el impuesto debería ser el MAYOR de estos dos. O el 35 % del Beneficio, o el 5 % de la facturación.

Introducir la facturación como concepto objetivo en el sistema fiscal permitiría observar más de cerca la operativa de la empresa y detectar de inmediato qué compañías están largándose con el dinero a otra parte sin pagar. Y es que es sencillo: si una empresa no es capaz de obtener un 5% de lo que factura, ¿a qué puñetas se dedica entonces?

Por supuesto, podrían estudiarse excepciones muy concretas y aprobadas públicamente para casos claramente especiales, como quizás lo sea el refino de petróleo crudo, una actividad de gran volumen con un margen unitario muy bajo,  pero desde luego nos e escaparían monstruos teconlógicos tipo Apple o Google.

Por tanto, como veis, no es que falten sistemas: lo que faltan son ganas de molestar a quien posiblemente te ofrezca un puesto cuando salgas de la política…

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