Uno de los temas que más parecen interesaros, a juzgar por los comentarios, es cómo va eso de cambiar el país de residencia para pagar menos impuestos. Tenía dudas sobre si ponerme a escribir un artículo sobre ello, y por dos razones: una, que es una cosa simple en lo fundamental, y la otra, que los detalles son muy específicos de cada país y a tanto ya no llego, porque para ello hay que ser especialista en los pequeños trucos de cada sistema impositivo.

En general, el que se cambia de país de residencia para pagar menos impuestos, busca escapar de una legislación que afecta negativamente a sus circunstancias personales para buscar un lugar donde esa legislación contemple de otro modo esas circunstancias. Parece una bobada, y en parte lo es, pero no hay más cera que esa: las distintas legislaciones contemplan los mismo hechos con distintos ojos, y los que se sienten perjudicados por la de su país, huyen a otro para pagar menos.

En próximos artículos iré tratando de explicar distintos casos, aunque la emigración pro razones impositivas no la considero propiamente un fraude fiscal.

La legislación española dice que quedan sujetos a la Hacienda española TODOS los ingresos de quien resida en España, haya obtenido esos ingresos donde quiera que los haya obtenido. Por eso, los que generan mucho dinero en el extranjero tratan de buscar fórmulas alternativas para no pagar el 48 % de todo lo ingresado, que es lo que exige el sistema tributario español para cantidades gruesas.

En general, el mayor problema que se planeta en estas cuestiones es la diferencia técnica entre domicilio y residencia efectiva.

En materia fiscal, según se puede leer en varias sentencias del Tribunal Supremo, se exige no sólo una voluntad de residir en otro lugar, sino que esa voluntad se haga efectiva realmente de manera que la residencia efectiva debe prolongarse por más de  183 días en otro territorio distinto del español.

O sea, y dicho en cristiano: no bastas con empadronarse en otro país, ni pedir la tarjeta de residencia, ni basta tampoco con tener allí un piso alquilado: hay que residir efectivamente allí más de 183 días al año.

¿Y cómo se controla eso? Pues es realmente difícil, pero cuando Hacienda quiere pillar mordisco, ya trata de controlarlo e intenta desviar hacia el sujeto pasivo la carga de la prueba, cosa que no me parece ni lógica ni cabal.

Quien quiera marcharse a otro país para pagar menos, haría bien en no venir por España más de 182 días, y si lo hace, que al menos no le vean, o no le pongan una multa de tráfico, o no deje cualquier otro rastro público o administrativo de su estancia en España, porque en otro caso le van a pillar y va a tener que pagar todo lo que no pagó y la multa correspondiente.

En estos día, como digo, iré hablando de casos, y por qué la gente se va a Andorra, a Francia, o a Inglaterra. Hay ejemplos de sobra en el mundo del deporte para no tener que dar nombres, ¿verdad?

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Para que no todo sea dinero, aquí os recomiendo una novela sobre fugas

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