La noche en B

Las modalidades de trabajo en negro, en España, son casi infinitas. La mayoría de estos trabajos se dan en lugares apartados, o fuera  de la vista del público, donde son más difíciles de detectar, pero también hay casos, y muchos, millares incluso, que se producen delante de las narices de todo el mundo, mezclando el fraude con el descaro más insultante.

Uno de estos casos es el el fraude laboral y fiscal en el sector de la hostelería. ¿No conocéis ningún bar donde cada tres semanas cambian de camarero? Yo sí, y unos cuantos. El sector de la hostelería se presta, por muchas razones, a toda clase de abusos, desde el salario por debajo de convenio, al personal de apoyo que cobra bajo mano sin cotizar, a los horarios infinitos sin que esas horas extras se reflejen en ninguna parte, ni coticen, ni se llegue a cobrar siquiera, en los casos más extremos.

Y sin embargo el camarero es un trabajador que desempeña su jornada a la vista de todo el mundo. ¿Cómo hacen, entonces, los empresarios del sector para evitar que los dtecten y los sanciones?

Pues de dos maneras, fundamentalmente:

-La primera, confiando en que los inspectores son humanos y son funcionarios, condiciones ambas muy dignas pero que, combinadas, convierten en tremendamente improbable una inspección un sábado a las dos y media o las tres de la madrugada. Un inspector de trabajo despistado puede pasarse por el local a esas horas a disfrutar del chunda.-chunda del pub de moda, pero es raro, muy raro que lo haga con frecuencia y más raro aún que te vaya a pillar a ti, con todos los bares que hay. O sea: que el riesgo puede compensar.

-La segunda manera no pasa por confiar en nada que no sea la propia habilidad. Pare ello, contratan al camarero por dos horas semanales, y cotizan por él por dos horas semanales. Se trata de personal eventual al que unas semanas se le llama los viernes por la noche, otras la madrugada del sábado y otras un miércoles por la tarde, cuando hay Champions y el bar se pone hasta los topes. Ese es el plan y eso lo que hay que decir si se presenta una inspección. Cuando llega el inspector, el trabajador está en regla, y a la hora de comenzada la inspección abandona su puesto de trabajo. Si el inspector vuelve al día siguiente puede aún encontrarlo una hora en su puesto antes de poder levantar acta. Y no volverá, porque aunque está seguro de que el camarero hace allí más horas que el palo de la bandera, no le merece la pena este seguimiento para encontrar sólo un caso de contratación indebida.

Los inspectores, por supuesto, tienen también sus recursos para evitar este truco, sobre todo en las grandes ciudades donde no son conocidos. Pero en las pequeñas y medianas ciudades, en la mayoría de nuestras capitales de provincia, los inspectores son tan conocidos como los futbolistas, y en cuanto el patrón los ve entrar por la puerta da un toque a los camareros con contrato chungo para que se vayan en media hora. Justo después de haber entregado el DNI y de que su jefe haya demostrado que están allí perfectamente legales.

¿Y por qué no se oponen los camareros? ¿Por qué tragan con algo así?

Porque son parte del fraude. Porque aquí todos ganan, menos la Seguridad Social y Hacienda.

El patrón no paga las cotizaciones, pero las reparte con el currante, al que le viene de perlas porque normalmente trabaja entre semana en otro sitio o está disfrutando del paro.

El currante no declara a Hacienda lo que obtiene por el fin de semana, (que viene a ser entre 150 y 250 euros, lo que hace entre 600  y 1000 euros al mes, por estas tierras) , y además puede compatibilizar esos ingresos con cualquier beca, subisidio o ayuda.

Y así, todos contentos, menos los demás, que pagamos por ellos.

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