Competencia desleal

Leí algo de esto que os voy a contar hace algún tiempo, pero entonces se referían a los salarios y a la escasa diferencia que hay entre cobrar subsidios y trabajar por un sueldo cercano al mínimo. Aquello era cierto, pero lo que yo quiero contar son las consecuencias diarias que tiene para los demás el hecho de que haya gente que trabaje en negro, y no hablo de poca cosa, porque casi una quinta parte de la economía española puede encuadrarse en eso que llaman economía sumergida y que en realidad es economía corrupta.

Cuando un trabajador o un autónomo está apuntado al paro y trabaja en negro, no sólo nos saca de la cartera a los demás el importe de su subsidio. La cosa llega mucho más allá y a veces no nos damos cuenta. Las sociedades del bienestar se basan en la redistribución de rentas, con lo que ocultar la renta no sólo elude impuestos, sino que da lugar a una serie de beneficios obtenidos indebidamente que pagamos entre todos.

Tenemos a Juan y Felipe. Los dos son electricistas porque estudiaron juntos FP. Juan trabajó durante años para una gran promotora, y cuando las cosas se pusieron feas en el 2009, lo mandaron al paro y está cobrando el subsidio de desempleo. Felipe se dio de alta como autónomo y trabajaba para la misma empresa. Durante años, Felipe sacó más que Juan de su trabajo, pero ahora no tiene paro. Bien, hasta ahí todo normal, creo yo. Cada cual elige lo que le parece.

La cuestión es que ahora Felipe sigue cotizando, y tira como buenamente puede. Juan cobra el paro y no cotiza. Agujero doble: un ingreso que no reciben las arcas del Estado y un gasto: su subsidio.

En el barrio sale una chapucilla, o muchas, con lo de la subida de la electricidad y el fin de la tarifa nocturna. Hay montones de gente que quiere regular los acumuladores para no tener que subir la potencia contratada. Genial.

Juan se mete a trabajar en negro. Por tanto, compite con Felipe, que tiene que pagar seguros, cotizaciones y tiene que comer. Pero tiene que comer partiendo desde cero,m porque no cobra subsidio. Por tanto, Felipe es un 20 % más caro que Juan y pierde casi todos los clientes. El daño se incrementa: Juan no paga a la SS, cobra un subsidio y es competencia desleal para Felipe, que pierde ingresos, obligándolo tal vez a pasarse él también a la economía sumergida para poder sobrevivir. Es como una bola de nieve…

Pero no acaba aquí:

-Al final de año, Juan no paga un euro de IRPF. Y Felipe paga. Sigue el daño.

-Juan no ingresa un duro de IVA, y Felipe sí. Un clavo más en el ataúd de su posibilidad de competir.

-A Juan no lo inspeccionan. A Felipe sí, y a todas horas: Hacienda, industria, etc., etc..

-Juan, al tener ingresos bajos por estar en paro, tiene derecho a una VPO, y Felipe no. Felipe tiene que pagarla a precio de mercado.

-En caso de tener un problema judicial o un divorcio, Paco es insolvente y no paga ni a San Pedro. Felipe tiene que apoquinar.

-El hijo pequeño de Juan tiene preferencia en la guardería municipal, y para el de Felipe no hay plaza y lo tiene que llevar a una privada. Y pagar.

-El hijo mediano de Juan tiene plaza en el colegio público al lado de casa, el de Felipe tiene que esperar a ver si hay plazo o irse a otro más lejos.

-El hijo mayor de Juan tiene derecho a beca y el de Felipe no.

En resumen: Juan tiene ventaja en todas aquellas facetas en las que se pregunte por la rentas y se beneficie a la s rentas más bajas. Cuando una sociedad trata de ayudar a los desfavorecidos, y eso es lo correcto, la economía sumergida es una agresión de un tamaño y una virulencia mucho mayor de lo que nos podemos creer. Y crea, por necesidad o por rabia, mucha más economía sumergida.

Deberíamos reflexionar sobre ello cuando estamos ya en el 20 %… y subiendo.

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Una película sumergida.

Una canción sumergida

Un libro sumergido.

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