Debería cotizar en el IBEX

Debería cotizar en el IBEX

Todos sabemos que en muchas universidades privadas  se paga precisamente por conseguir el título con un minimo esfuerzo. Pues bien: en las públicas sucede lo mismo, pero por otro camino. No se trata exactamente de un fraude fiscal, sino de un fenómeno delictivo común, pero me parece tan repulsivo que he querido dedicarle un artículo aparte.

Cada vez con más frecuencia escucho cómo se extiende el fraude de las academias universitarias, un fraude que nos afecta en cierto modo a todos y que enriquece a pequeños grupos de desaprensivos, corrompiendo el sistema educativo y el valor de los títulos académicos que se extienden.

El procedimiento es simple: en una carrera universitaria se eleva de repente el nivel de exigencia en una o varias asignaturas, y luego se hace correr la voz de que quienes preparan esa asignatura en una determinada academia privada tienen un éxito del 90%. La academia, orgullosa de su trabajo, cobra una interesante cantidad mensual a los alumnos que se inscriben en ella y pasa el semestre impartiendo las clases complementarias, sin que sus apuntes ni sus explicaciones sean mejores, en lo esencial, que las que se imparten en la Universidad.

La gracia está en la última semana, cuando la academia facilita a sus alumnos las preguntas que van a poner en el examen. Y no tiene por qué hacerlo directamente, sino mediante simples recomendaciones: estudiad esto, y lo otro. Este tema y este otro no suelen caer. Este tipo de problema es muy habitual, así que estudiadlo bien porque es muy probable que os lo pongan…

Es simple: el profesor que imparte la asignatura comparte la preguntas y la empresa de la academia comparte las ganancias.

Es rápido,  fácil, imposible de denunciar y muy lucrativo.

En ciertas asignaturas de algunas facultades puede haber doscientos o trescientos matriculados, como poco. Si se han apretado las clavijas en los últimos años y hay repetidores, pueden haberse acumulado hasta quinientos, si la Universidad es mediana o grande. Por cuatro meses de clases particulares puedes cobrar tranquilamente trecientos euros sin que nadie te diga que abusas, y pueden asistir a esas clases trescientas personas. Son entre noventa mil euros a repartir entre la academia y el profesor responsable de la asignatura. Y eso, por una sola asignatura…

Y haciendo feliz a todo el mundo, porque con el brutal incremento de las tasas de los últimos años sale más rentable pasar por el aro del soborno que tener que matricularse nuevamente en la asignatura.  Sale más barato y da mucho menos trabajo.

Mientras el que imparte las clases y el que examina siga siendo el mismo, tendremos que ver cómo continúa creciendo esta repugnante forma de explotar al alumno y de defraudar al sistema educativo y, en suma, a todos los españoles que lo pagamos.

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