La vieja historia del grande y el pequeño.

Jose Luis Tarrés, de Granada, nos propone este tema y nos parece muy interesante, así que vamos a darle un repaso.

Hasta hace poco tiempo, cuando declarabas una factura como emitida, esta factura debía incluirse en la contabilidad y tributar como ingreso. Además, el IVA correspondiente contabilizaba como IVA repercutido, por lo que tenías que ingresarlo a Hacienda. Si cobrabas la factura, pues genial, y si no la cobrabas, pues ibas y le contabas a tu confesor o a tu psiquiatra tus cuitas, porque para recuperar lo que habías pagado a hacienda te las veías y te las deseabas.

Ahora, al menos existe la posibilidad de anular esas facturas  si a los seis meses de emitidas y avisadas no se han cobrado, pero estamos en el problema que plantea Jose Luis: para contabilizar los seis mese desde que la factura fue emitida y no cobrada ha de pasar en realidad bastante más tiempo, porque se exige que la factura haya sido exigida judicialmente y que la exigencia haya sido admitida a trámite por la justicia. ¿Y quién tiene que rascarse el bolsillo durante ese tiempo? Tú, por supuesto. ¿Quién tiene que tirar de la cuenta de crédito, esa que no te renuevan y te vuelve loco? Tú, por supuesto. Graves costes, graves molestias y duros problemas.

O sea, que si ni te pagan eres tú el que no ha cobrado, pero no Hacienda, que no quiere saber nada hasta que no está todo bien clarito. Mientras tanto, por cada factura no cobrada, anticipas al Fisco la parte correspondiente de beneficio, el IVA, y todo lo anticipable. Y todo por utilizar el p`principio de devengo y no el de caja, que quizás fuese más adecuado en el tema fiscal.

Algunos, no obstante, hablan de esta conducta diciendo que en cierto modo es lógico que así sea, porque en caso contrario se podían pactar muchas cosas y muy feas, pero por otro lado, yo creo que si estamos en un Estado de Derecho, no parece de recibo que el Estado te cobre por las operaciones que en cierto modo se ocupa de garantizar.

Y es que, en la vieja doctrina, el Estado cobraba impuestos porque a cambio garantizaba las operaciones, mediante la ley y la Justicia. Garantizaba lo que se llamaba “pacífico desempoeño de la actividad mercantil”.

Ahora te cobran, no garantizan nada,  y si te niegas eres un insolidario y un mal ciudadano. O lo que es lo mismo: han cambiado transacción por religión.

Pero nadie se da cuenta.

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