Lógica girada

Todos lo sabemos: el fraude fiscal detrae dinero a las arcas públicas y es una de las causas del déficit y de que el Estado no pueda hacerse cargo de algunos servicios.

Sin embargo, sorprende que sean algunos colectivos los que al mismo tiempo denuncian la permisividad con el fraude fiscal y piden que a se mantenga atados bien en corto a nuestros políticos, por su derroche, por su cara dura, por su inveterada costumbre de utilizar el dinero de todos para comprar voluntades, pagar favores y crear ventajas de los afines frente a los contrarios.

El fraude fiscal, des de un punto de vista estrictamente económico, aleja el dinero de las manos de los políticos para dejarlo en manos privadas. Y esto hay que explicarlo:

A nivel de riqueza y de empleo, que es lo que nos interesa, lo único que verdaderamente perjudica al país y a los ciudadanos son las importaciones. Cuando alguien que ha pagado sus impuestos se compra un BMW, fabricado en Alemania, hace más daño a sus conciudadanos que un empresario que no ha declarado y reinvierte lo defraudado en ampliar su empresa o en mantener el empleo.

¿Os parece ciencia ficción? No lo es.

Cuando hablamos de fraude fiscal nos gusta pensar en grandes multinacionales que se llevan la pasta a paraísos fiscales para repartirlos desde allí en forma de beneficios entre sus accionistas. Esos accionistas suelen ser abuelitos europeos y norteamericanos que han puesto sus fondos de pensiones en esas multinacionales, pero esa es otra historia.

Sin embargo, la realidad del fraude fiscal, del que se repite cada día a pequeña escala pero que suma el grueso del cómputo total es el del pequeño profesional que no hace factura, la empresa que negrea ingresos e inventa gastos, etc. Y la mayoría de estos pequeños defraudadores, os lo aseguro, dedican ese dinero a tirar para adelante, a pagar nóminas, a reducir la línea de crédito del banco o pagar sus deudas cuando no es la han concedido. La mayoría de este fraude fiscal pequeño regresa de inmediato al circuito económico, eso sí, sin pasar por las manos del Estado.

Ni que decir tiene que un nivel elevado de fraude es un perjuicio grave. Pero a veces queda la duda, técnicamente razonable, de lo que sucedería si todo este dinero se entregase al Estado, a sus políticos, sus gestores y sus asesores. Queda la duda de si se generaría más riqueza, si se pagarían más nóminas, más colegios, más actividad de la que los pequeños defraudadores pagan ya de hecho con este dinero.

Porque cualquier cantidad que quede dentro, hace girar la rueda. Y como decía un profesor mío, recordad que el narco va a la compra, va de putas (que van a al compra), va al joyero (que va a la compra), se construye un chalé (con albañiles que van a la compra) y se compra un yate en Corea. Sólo el yate en Corea hace daño a nuestra economía. Si se lo construyese en Barcelona, el narco sería socialmente dañino, pero no económicamente.

Por lo demás, hay que decidirse: o nos fiamos d e los polìticos, y nos alegramos de que gestionen nuestro dinero, o no nos fiamos de ellos, y entonces hay que evitar que el dinero llegue a sus manos. Las dos cosas, a la vez, no pueden ser.

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